El presidente estadounidense George W. Bush y el secretario del Tesoro, Henry Paulson, enfrentan la necesidad de hacer una elección: presentar un plan de estímulo económico que el Congreso tal vez apruebe, o apegarse a sus principios ideológicos, arriesgarse a no hacer nada y posiblemente pagar un precio en las elecciones del 2008.
Una exención impositiva extraordinaria, que podría darle a cada familia de Estados Unidos unos $500 adicionales para gastar a mediados de año, puede ser la única medida con efecto inmediato sobre la cual pueden estar de acuerdo el presidente republicano.