Conforme el dólar cae, crece la preocupación de que su debilitamiento augure el fin de su reinado de 62 años como la moneda predilecta del mundo para el comercio, las transacciones financieras y las reservas de los bancos centrales.
Pero, parafraseando a Mark Twain, los informes sobre la muerte del dólar han sido exagerados desmesuradamente. El dólar debe su lugar como la moneda internacional más importante del mundo a su estatus como refugio durante tiempos de crisis, la ausencia de un rival adecuado, la baja demanda nacional en otros países y simple inercia histórica. La geopolítica también influye.
Si el dólar pierde su lugar, ¿qué moneda podría reemplazarlo? Algunos dicen que el yuan. Por el momento eso no es posible, ya que la moneda de china ni siquiera cotiza libremente.
El candidato más probable es el euro, una moneda ampliamente operada respaldada por sólidos mercados de capital, un banco central respetable y una economía grande. Los 13 países que utilizan el euro conforman un bloque económico de $10,5 billones.
Sin embargo, la moneda común de Europa tiene algunas desventajas: el Reino Unido no es miembro del área del euro. Esto priva a la región de Londres, que discutiblemente rivaliza con Nueva York como centro financiero mundial. Fráncfort no está en la misma liga.
Asimismo, el euro se identifica más con el Banco Central Europeo que con algún país específico, y no cuenta con el apoyo nacional que otras monedas tienen.
Los políticos italianos han sugerido retirarse del club; en Estados Unidos eso no pasa desde que terminó la Guerra Civil en 1865. Más aun, en el horizonte no se ve unión política en Europa. Y ninguna nación-estado se ha construido basada en un banco central. Siempre ha sido al revés.
Y lo que es más, frente a EE.UU., el área del euro es un enano militar, y el peso geopolítico cuenta.