Los ecuatorianos de la frontera prefieren ahora comprar en Colombia y ahora es más rentable para los comerciantes llevar los productos desde Colombia. "La tortilla se volteó", dice Óscar Cifuentes, un taxista de 22 años, sobre el vuelco que la dolarización de la economía ecuatoriana ha provocado en la ciudad fronteriza de Ipiales (Nariño), en el suroccidente colombiano.
En ese lapso, unos mil locales comerciales nuevos abrieron sus puertas en Ipiales, cuya población se acerca a los 100 mil habitantes. Algo muy significativo, si se tiene en cuenta que un censo empresarial realizado hace un año por la Cámara de Comercio encontró un total de 3,167 establecimientos.
Antes de la dolarización, con 1,000 pesos se compraban 25,000 sucres. Cientos de nariñenses, vallunos, paisas, bogotanos y hasta costeños llegaban cada día hasta el Puente Rumichaca, uno de los tres pasos fronterizos legales entre los dos países, para pasar al otro lado y traer textiles, papel higiénico, chocolates y electrodomésticos.
Hoy, los de la moneda dura y los precios elevados son los ecuatorianos. Ahora son ellos quienes acuden a la frontera, para conseguir un taxi que los lleve al almacén Al Kosto, al Ley o al comercio de la Carrera Sexta, en Ipiales, donde convierten sus "verdes" en electrodomésticos más baratos que en su país (30 ó 40%) y ropa económica y de mejor calidad, entre otros productos.
Gracias a la dolarización, los ecuatorianos compran en Colombia hasta sus cobijas. Quién lo creyera: los vecinos del sur, creadores de la famosa "cuatro tigres", una cobija fabricada en Ambato que se convirtió en una institución en las tierras frías colombianas -incluida Bogotá-, suben hasta Ipiales para comprar su ropa de cama.