La globalización financiera es ya un hecho estructural en la economía mundial, y la dolarización es su consecuencia directa en el continente americano, afirmó el ex presidente argentino, Carlos Menem, en una conferencia organizada por el Banco de la Reserva Federal de Texas.
Menem, quien a principios de 1999 lanzó la idea de dolarizar la economía argentina para tratar de evitar las consecuencias de las crisis financieras internacionales, aseguró que su país está preparado para llevar a cabo esa medida, pues ya está prácticamente dolarizado.
En Argentina más del 60% de los depósitos bancarios, préstamos e hipotecas, y el 92% de la deuda externa son en dólares, indicó.
Menem fue el orador invitado durante una cena la noche del lunes, en el marco de una conferencia de dos días para discutir las ventajas y desventajas de dolarizar las economías de los países en desarrollo, en particular las de América Latina y el Caribe.
Otros participantes coincidieron en que Argentina es probablemente el país mejor preparado de la región para hacer del dólar su moneda, y algunos sugirieron incluso que Buenos Aires está esperando demasiado para ello.
"Argentina debería dolarizar hoy mismo" para cosechar plenamente los beneficios de las reformas que ha puesto en práctica, dijo el chileno Sebastian Edwards, profesor de la Universidad de California y ex economista jefe del Banco Mundial para América Latina y el Caribe.
Ricardo Hausmann, economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), sostuvo que la dolarización tiene ventajas sobre todos loes de cambio usados en la región, desde la tasa fija de Argentina hasta las "flotantes" de México y Brasil.
Argumentó que éstas últimas en realidad no son flotantes, pues los bancos centrales de uno y otro país intervienen para defender ciertos márgenes, lo cual obliga a mantener un alto nivel de reservas para apuntalar la credibilidad del sistema.
La desaparición del riesgo cambiario reduciría el costo de las transacciones y estimularía el ahorro, el comercio, las inversiones y el crédito, lo que redundaría en un aumento de la tasa de crecimiento, indicó.
Hausman opinó además que otros sistemas distintos de la dolarización -como la propuesta de una moneda del Mercosur- no darían tan buenos resultados, pues la gente seguiría teniendo sus depósitos en dólares y la mayoría de las transacciones seguiría siendo en la divisa estadounidense.
Menem rechazó que la dolarización sería lesiva para la soberanía nacional, apuntando que el mismo argumento fue utilizado para tratar de impedir la privatización de servicios públicos en su país.
"Los servicios públicos eran ineficientes y le costaban a la nación 17.000 millones de dólares anuales. Ahora que están privatizados funcionan mucho mejor y son rentables", apuntó.
Walter Molano, jefe de investigaciones económicas de la firma de Wall Street BCP Securities, advirtió sin embargo que la dolarización es un remedio falso que ataca los síntomas pero no las raíces de los problemas.
La dolarización "no resuelve los desequilibrios o fallas estructurales que son las causas de los problemas macroeconómicos", y los gobiernos que la proponen sólo tratan de ganar tiempo para dejarle la factura a sus sucesores, afirmó Molano.
Barry Eichengreen, profesor de la Universidad de Berkeley, California, señaló por su parte que la dolarización puede forzar a los gobiernos a llevar a cabo los ajustes necesarios, pero al eliminar todas las válvulas de escape somete a los países al riesgo de una explosión.
"Al cerrar la política monetaria como última válvula de escape, la dolarización deja dos opciones: o se logra el consenso político necesario para aprobar las reformas fundamentales necesarias, y se resuelven las causas subyacentes que dieron origen a la crisis, o la economía y la sociedad explotan política y económicamente", dijo Eichengreen.