Economía

Economía brasileña supera Múltiples y hondos desafíos


En su segundo gobierno, las preocupaciones han marcado ojeras más profundas en el rostro del Presidente del Brasil, Fernando Henrique Cardoso. Devaluación del real. Pérdida de reservas monetarias durante la crisis. Manifestaciones multitudinarias de campesinos sin tierra. Renuncia del Ministro de Desarrollo. Críticas por la política fiscal ortodoxa.
A pesar de todo, en este segundo período de gobierno, en el que rema con más fuerza que en el primer periodo, hoy, día del aniversario nacional de Brasil, Cardoso podrá dirigirse a sus compatriotas con el tono de voz convincente y seguro de quien habla con la verdad en la mano.
Ocho meses después de la devaluación del real, la moneda se estabiliza con el respaldo de la ayuda financiera de US$ 41.500 millones proporcionada por el Fondo Monetario Nacional. La inflación se está controlando. Y la demanda interna empieza a mejorar. Signos externos de que el gigante brasileño está caminando con pasos firmes para recuperar, poco a poco, el impulso de su primer gobierno.
Sin embargo, Fernando Henrique, como lo llaman familiarmente sus compatriotas, es hombre pragmático y sabe que debe dar un giro en el curso de su rumbo económico para estimular el empleo con inversiones estatales, sin romper la ortodoxia de sus compromisos fiscales con el FMI.
Sabe que en esta coyuntura de recesión y desempleo, de crisis internacional y competencia implacable entre las naciones, él debe estar más cerca de John Maynard Keynes que de Milton Friedman. En otras palabras, el Estado debe asumir un rol más activo como promotor de empleo y desarrollo. Politólogo universitario en Brasil, México, Portugal y Francia, conoce a fondo que las teorías económicas deben ajustarse a las coyunturas políticas. Su experiencia como jefe de estado lo lleva a ajustar teoría y práctica. Si antes de la devaluación y de la corrida de capitales sintió en carne propia la frialdad y la rapidez con que se mueven los agentes bursátiles, después de la caída del real, la realidad le ha mostrado que no puede confiarse cien por ciento de los movimientos del mercado de valores. Quizás por ello, es que ha tomado la iniciativa del lanzamiento de un plan de inversiones públicas que probablemente puede haber sobresaltado a más de un partidario del "dejar hacer, dejar pasar" del Estado estrictamente neutral y complacientemente observador de la economía. Las obras escritas por Cardoso, bajo las circunstancias políticas de la sustitución de importaciones y de la antinomia dependencia/ autonomía, abogaron por una acción más decidida del Estado en la economía nacional e internacional.
Otro de los grandes desafíos del estadista brasileño es minimizar el conflicto entre Brasil y Argentina en el seno del Mercorsur y devolverle la energía y la armonía de los primeros tiempos. Los industriales argentinos acosan al gobierno de Menem para que imponga aranceles a las exportaciones de productos brasileños, pasando por alto las reglas del Mercosur. Menem logró una tregua momentánea en la disputa, pero, de hecho, las operaciones de los dos principales socios del Mercosur están semiparalizadas y, algo peor, no han cesado las quejas argentinas por las consecuencias de la devaluación del real en los menores precios de los productos brasileños que entran al mercado argentino.
El suspenso sobre el futuro del Mercosur todavía continúa porque no está clara aún la postura del nuevo gobierno argentino que será elegido en noviembre. La realidad es que América Latina no crecerá mientras no lo haga la economía brasileña, pero también es cierto que Brasil necesita que la región crezca.
Desde que Pedro I proclamó la independencia de Brasil en l822,el país ha atravesado diversas corrientes económicas. Las perspectivas con la economía estabilizada, mayor apertura comercial y con reformas estructurales que buscan reducir el tamaño administrativo del Estado y hacerlo más eficiente, permiten mirar el horizonte con menos brumas. El Plan Real procuró desde 1995 corregir las debilidades de la balanza comercial que se desequilibra hacia las importaciones cuando se acelera el crecimiento económico. Pero cuando el crecimiento se frena, las importaciones se reducen y las exportaciones se intensifican.
Abrir la economía al mundo; equilibrar la balanza comercial; estabilizar el real; levantar los índices de ocupación; elevar la calidad de vida de los campesinos nordestinos y de toda la población; erradicar las favelas; reducir la pobreza, son algunas de las metas básicas de este gran país que en 1996 tenía más de 156 millones de habitantes,con un 60% de personas menores de 29 años,
y que por ser predominantemente joven no pierde la esperanza de cumplir sus sueños.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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