Las iniciativas de Bush y Bernanke no tendrán un efecto previsor, sino reparador. El mal ya está hecho.
El desempleo se ha disparado hasta el cinco por ciento, el consumo se ha reducido y el sector de la construcción atraviesa su peor crisis en 16 años, según se supo ayer.
Además, bancos como Citigroup y Merrill Lynch han registrado pérdidas millonarias, y los ciudadanos de estados como California, Florida o Michigan, aquejados por la crisis, sufren de manera masiva las ejecuciones de sus hipotecas por no poder pagar las mensualidades.
Según dijo ayer Bernanke, la crisis de las hipotecas puede haber causado un daño hasta ahora de 100.000 millones de dólares, y la cifra sigue subiendo.
De hecho, varios estados del país, entre ellos Michigan, han entrado en recesión, situación que se da, técnicamente, cuando la economía deja de crecer durante tres trimestres consecutivos.
Los economistas del banco de negocios J.P Morgan calculan que Estados Unidos solo creció un uno por ciento en el último trimestre del 2007, muy lejos del 4,9% de los tres meses anteriores. Mucho peor, Merrill Lynch, Morgan Stanley y Nomura Securities predicen que el conjunto de la economía estadounidense entrará en recesión este año. Todo ello pinta un panorama desolador para un año electoral que, supuestamente, debía servir al partido gobernante para destacar los logros obtenidos y mirar al futuro. La reacción de los candidatos demócratas no se ha hecho esperar, y mucho antes de que Bush o Bernanke reaccionaran, anunciaron sus propias iniciativas. Tras escuchar el discurso de Bernanke y sus temores sobre la economía, el Dow Jones de Industriales, se desplomó casi 200 puntos.