Ecuador quiere convertirse en una potencia turística y cuenta con los elementos básicos necesarios para ello, como su espectacular patrimonio histórico y natural y sus servicios turísticos, pero deberá mejorar sus infraestructuras y su conectividad aérea para lograr un verdadero "despegue".
El Gobierno ecuatoriano lo sabe y está volcado a esta tarea, para lo que ha otorgado al turismo la condición de sector estratégico dentro de su política de cambio de la matriz productiva, con la que pretende diversificar la economía del país y hacerla menos dependiente de la extracción de materias primas.
Por eso ha anunciado que aumentará de 40 a 150 millones de dólares su presupuesto, sin incluir las inversiones en infraestructuras, que entre 2009 y 2012 llegaron a 220 millones de dólares solo en la mejora y construcción de aeropuertos y la navegación aérea.
Además, lleva a cabo esfuerzos en vialidad, puertos y centrales hidroeléctricas, entre otras infraestructuras que, aunque no tienen conexión directa con el turismo, benefician al desarrollo del país y suponen también un factor de atracción de la inversión turística privada y de los visitantes.
El esfuerzo en este ámbito es necesario, según el doctor en Turismo y decano de posgrados de la Universidad de las Américas (Udla), Giuseppe Marzano, porque favorece indirectamente al turismo.