Economía

Educación: la mejor inversión

Como se planifica y ejecuta un negocio, de igual forma se debe organizar la educación de los hijos.


Todo padre de familia responsable es un inversionista que se afana en sentar los pilares de un mejor futuro para sus descendientes.

No hay mejor inversión que la educación, una de las actividades de la vida que, a la larga, contabiliza el mejor rendimiento de una persona.

 

La familia es la primera y más importante empresa de toda nación, y quien esté convencido de esto vertirá sus esfuerzos económicos para garantizar una buena educación a sus hijos.

Para administrar una empresa tan compleja como la familia se requiere tenacidad, persistencia y una alta dosis de paciencia porque, de lo contrario, las bases fundamentales de la vida se derrumbarán.

Todos en esta vida, vida teñida de esperanzas, nacemos con un don que determinará cuál será nuestro destino en la arena de la existencia, que cada día es más competitiva.

 

Pero así como se planifica y ejecuta un negocio, de igual forma se debe organizar la educación de los descendientes para que no fallen ante los desafíos que se presentan.

Cada persona tiene en su más sagrada intimidad una vocación que si la descubre y explota, le irá bien en la vida, de lo contrario, condecorado de títulos, diplomas o méritos en labores que no disfruta es como invertir en un negocio que no es rentable.

El mundo está plagado de historia de padres que se esmeraron por ofrecer una excelente educación, rociada de principios cristianos, enrumbados hacia un doctorado o maestría para no perder los valores de su condición social, pero el hijo se libera de la imposición y opta por empuñar una herramienta y dedicarse a las artesanías, que es el oficio que lo hace feliz e incendian en su espíritu el candil del gozo diario.

 

Las vocaciones son como las relaciones afectuosas.

Cuando una persona nace para carpintero, debe serlo; intentar arrancarle la idea es truncar el manjar de su vida, es desgraciarse en sus deseos, es sepultar una vocación manifiesta sin la oportunidad de resucitarla.

Cuántas personas nacieron con vocaciones para oficios nobles, pero cedieron ante la dictadura paterna que los obligó a estudiar una carrera cuyo doctorado les amargó la vida.

 

Es por eso que proliferan los profesionales mediocres que para sostener su ritmo de vida efectúan un trabajo de mala gana o en rayante desgano.

El sueño de todo padre responsable es dejar un legado a los hijos y casi siempre se olvidan de la educación; piensan en un bien material que se constituya en grifo económico donde saldrá el chorrito de dinero que les permitirá continuar en este mundo cada vez más apaleado finacieramente.

Si bien las inversiones en inmuebles, cuentas de ahorro, acciones u otro tipo de negocios son ideas sanas, saludables, prósperas y honradas, la educación constituye el principal capital para que el hijo se defienda en la vida.

El colegio -- público o privado -- no determinará la sabiduría del estudiante.

Será su voluntad por aprender y el interés que demuestre al ingerir el alimento intelectual lo que establecerá su éxito en la vida.

En las primeras edades, el niño, con raras excepciones, no expresará vocación por un oficio. Esto se empezará a reflejar en la adolescencia cuando demostrará interés por una actividad determinada y es aquí el momento en que el padre o la madre explotan y pulen sus inclinaciones profesionales hasta llevarlo al máximo.

El muchacho lo agradecerá toda la vida. Jamás olvidará el apoyo que le ofrecieron y se profundizará el amor eterno hacia sus progenitores.

Es grave el error cometido por padres de familia que obstinadamente se empeñan en distraer la atención de los hijos para que se olviden de su vocación y dediquen esfuerzos a una profesión, especialmente aquella que le permite invocar públicamente "su doctorado", "maestría" o algo que consideran "más representativo".

Reitero:La educación es la mejor inversión. Observe cuáles son las tendencias de su vástago cuando empieza la adolescencia, y si no capta cuál podría ser su vocación, entonces sométalo a una prueba de aptitud hecha por sicólogos que le revelará cuáles son sus tendencias profesionales.

Es posible que usted haya deseado que sus hijos sean médicos, abogados o astrológos prestigiosos, lo que le permita sentirse orgullosos entre vecinos y amigos, pero si la prueba de aptitud revela que el muchacho nació para sacerdote, déjelo que cargue la cruz que lo hará feliz, porque si no lo cura de las enfermedades del cuerpo, por lo menos, lo librará de los malestares del espíritu y el pase al cielo será expedito.


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350774
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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