Incentivos fiscales para el sector portuario, zonas procesadoras, proyecto San Lorenzo, calls centers, inversiones turísticas, zonas libres de petróleo, son algunas de las iniciativas por las que se apuesta en Panamá para atraer capital externo.
Sin embargo, el presidente de Wall Street Securities, Arturo Tapia, considera que los incentivos que da Panamá a ciertas inversiones están distorsionando la economía y creando empleos artificiales. Indicó que la historia económica de Panamá lleva a la conclusión de que el gobierno no debe subsidiar a la actividad privada en inversiones y producción.
Si la actividad en la que invierte una empresa es buena, por sí sola será competitiva en el mercado internacional y doméstico, aseveró Tapia. "Yo no entiendo por qué tenemos que subsidiar inversiones o actividades económicas. Eso va en contra de lo que yo pienso, porque eso es crear empleo artificial", expresó el presidente de Wall Street Securities.
El gobierno financió en el 2001 la suma de 144.9 millones de balboas en incentivos y subsidios: 68.8 millones de dólares fueron en documentos fiscales, sobresaliendo en este rubro los Certificados de Abono Tributario (CAT); el sacrificio fiscal en impuesto de importación fue de 37.4 millones de dólares; y el sacrificio fiscal en impuesto de importación representó 38.7 millones de dólares.
Asimismo, Tapia sostuvo que lo que tiene que hacer el gobierno y la empresa privada es ponerse de acuerdo para que Panamá sea competitiva para atraer capitales y poder financiar el país. El presidente de Wall Street Securities indicó que la economía panameña requiere de cambios inmediatos. "Si manejamos las cosas bien, Panamá puede aprovechar la coyuntura económica internacional para fortalecerse y crecer en el futuro", aseveró Tapia.
El flagelo se extiende por toda la República, ya que lo mismo ocurre en Chiriquí, o en ciudades como Santiago y Chitré. "Es que el problema no sólo se da aquí, sino a nivel mundial", dijo el representante disquero, que asegura tener informes provenientes de Ecuador, donde un disco compacto pirata se vende sólo al increíble precio de dos dólares.
Los trabajadores de la música temen que en Panamá se llegue al punto al que han llegado los peruanos, donde hace poco se le entregó al rapero panameño Carlos Córdoba, intérprete de "El Gato volador", el premio al Disco Más Pirateado del Año.
Dumas denunció otro fenómeno muy difuso, el de la piratería industrial. Como los vendedores ilegales ofrecen generalmente sus mercancías en las calles con toda impunidad, pese a uno que otro susto que les da las autoridades, es más rentable para muchos, comprar una máquina que "quema" (reproduce) discos y que cuesta entre 300 y 600 balboas y montar así su negocio pirata, sin pagar impuestos, regalías, ni planilla.
De hecho, la venta de cd vírgenes ha aumentado drásticamente frente a los discos y casetes grabados. ¡Por algo será!. ¿La solución? Tal vez evitar la inminente extinción del mercado del disco, sólo esté en manos de los consumidores, que deben tomar conciencia de que la música gratuita o robada, pronto será la causa de que ese melodioso arte que le da sabor a la vida, desaparezca. Como alguien dijo alguna vez, un pueblo sin música es un pueblo triste. ¡Por los vientos que soplan, pronto nos invadirá la tristeza!
La condena más alta que se ha impuesto hasta el momento en Panamá, fue al señor Luis Sempro Córdoba, conocido como "El Rey de la Piratería", quien tuvo que pagar la no despreciable suma de 15 mil balboas, más unos tres años de cárcel.
¿Sabías que al recopiar un disco compacto o al bajarlo de internet, te estás convirtiendo en un delincuente "pirata", haciendo uso ilegal de la creación intelectual? Esto en Panamá se debe pagar con multas que van de los mil a los 20 mil balboas y se penaliza con hasta cuatro años de cárcel.