En pleno periodo de turbulencias financieras, los mercados del arte, el vino y las materias primas, incluidas las piedras preciosas, no sólo se han librado del impacto de la crisis crediticia desatada hace un año sino que incluso viven su mejor momento.
Las ventas mundiales de la casa de subastas londinense Christies, primera del mundo por facturación, ascendieron a 3.500 millones de dólares en el primer semestre del año, un 10% más que en 2007, y en torno a 460 obras se vendieron por más de un millón de libras, una treintena más que el año anterior. Además de los tradicionales coleccionistas acaudalados, que han aumentado con la globalización, sobre todo en Rusia y Oriente Medio, el mercado del arte atrae cada vez más a otros inversores que buscan alternativas a los instrumentos financieros percibidos como más vulnerables a la crisis.
"El arte es un valor seguro a largo plazo, a prueba de inflación", declaró Philip Hoffman, consejero delegado de The Fine Art Fund, un fondo de inversión y asesoría de arte con sede en Londres. Hoffman reconoce que la mayoría de sus clientes son gente muy rica, que invierte "no por pasión, como hace veinte años, sino para reunir una colección importante, por el rendimiento económico o para ganar estatus", pero aumentan también las entidades financieras que miran hacia el arte para diversificar su oferta. La empresa de Hoffman, que no asesora a particulares que inviertan menos de $100.000 al año, trabaja con empresas de gestión de fondos y organiza seminarios sobre arte e inversión con bancos.
Aunque el arte es aún un mercado controlado por "10 o 20 personas que se gastan entre 200 y 300 millones al año", Hoffman opina que las inversiones en el sector "son un negocio al alza".