El euro, la divisa común europea, siguió su baja en picado, aunque logró estabilizarse ante los rumores de que el Banco Central Europeo planea intervenir para detener su declive.
Al comenzar la jornada, el euro se cotizó a 88,.45 centavos para luego cerrar a 89.23 centavos por dólar, al día siguiente que cayó por primera vez por debajo de los 90 centavos.
La moneda, utilizada por 11 países europeos, se encuentra en caída libre desde que alcanzó su punto más alto, 1.18 dólares, cuando fue adoptada el primero de enero de 1999.
Los analistas culpan a la robusta economía de Estados Unidos por los males del euro. La economía estadounidense ha logrado atraer a los inversionistas que en otras circunstancias hubiesen puesto su dinero en acciones y valores europeos.
El flujo ha provocado que el dólar estadounidense se haya fortalecido en detrimento del euro.
Pero los inversionistas también culpan al Banco Central Europeo, a cargo del control de la divisa, al que achacan sus ambivalentes políticas con respecto a las tasas de cambio.
La pregunta generalizada es: ¿Si el Banco Central no quiere comprar su propia divisa, por qué lo debe hacer el mercado?
No obstante, los rumores de que el banco, con sede en Francfort, se apresta a intervenir a favor de la moneda revivieron el interés de algunos corredores para comprar euros.
Los gobiernos y ejecutivos bancarios en Europa reaccionaron con cautela e insistieron que tarde o temprano el crecimiento económico de la región impulsará la estabilización de la divisa.
El vicepresidente del BCE, Christian Noyer, no quiso comentar hoy los informes sobre una intervención del banco para apuntalar la moneda
Pero en un discurso ante el Parlamento Europeo en Bélgica, Noyer reiteró las preocupaciones de que una moneda débil genere riesgos inflacionarios, lo que a fin de cuentas haría más caras las importaciones, en especial las de crudo.
El banco subió su principal tasa de interés en un 0,25% la semana pasada para quedar en 3,75% y contrarrestar la "presión inflacionaria" que ya se percibe.
"Es obvio que nosotros no tenemos una agenda secreta para que el euro se desplome. Queremos un euro más fuerte y confiamos en que así ocurrirá", indicó Noyer.