E l G7 auguró un panorama económico más sombrío para 2008, con una ralentización global y la persistencia de las tensiones bursátiles, y se mostró dispuesto a actuar de forma colectiva, si fuera preciso, para garantizar la estabilidad.
Bajo la presidencia de Japón, los ministros de Economía y los gobernadores de los bancos centrales del mundo concluyeron su cumbre de Tokio con un llamamiento a una mayor cooperación para atajar los problemas financieros, sin marcar una vía concreta y sin hablar en ningún momento de recesión.