Gastar más de lo que se tiene conduce al déficit, la deuda y nuevos costos de financiamiento.
De allí la importancia de la disciplina en el manejo de las finanzas, sean estas personales o públicas.
Este tema cobra especial vigencia, sobre todo ahora que el gobierno electo ha anunciado su intención de suspender la Ley de Responsabilidad Fiscal, eliminar el Cálculo Alternativo del Impuesto Sobre la Renta (CAIR) y promete cifras billonarias en proyectos de inversiones públicas.
La propuesta de reformar la Ley de Responsabilidad Fiscal se traduce en que el nuevo gobierno podrá, legalmente, tener mayor déficit fiscal y, por lo tanto, incrementar la deuda y el gasto público.
La intención detrás de esta propuesta es fundamentalmente dinamizar la economía panameña, la cual, según cifras oficiales, ha entrado en un proceso de desaceleración, sobre todo en aquellas actividades vinculadas al comercio exterior, como la Zona Libre de Colón, los puertos, el Canal, la banca y las exportaciones de bienes.
Es oportuno asimismo mencionar que otras actividades como la construcción, la explotación de minas y canteras, las telecomunicaciones, la inversión pública y el proyecto de ampliación del Canal, hasta ahora permiten que la economía mantenga un crecimiento positivo.
En este escenario nos preguntamos si ¿tiene sentido que se modifique la Ley de Responsabilidad Fiscal?.
Considero que sí, pero siempre y cuando la suspensión de ésta normativa sea temporal y, que además, los recursos económicos adicionales que se deriven de esta decisión se orienten a los proyectos con mayor impacto de generación de empleos.
Esto, porque es un hecho que la principal amenaza de la crisis financiera internacional es el desempleo.
Y aún más, con muchísima certeza puede decirse que la mayoría de los gobiernos del mundo, dentro de sus posibilidades, están incrementando el gasto público para mitigar los impactos de la crisis financiera internacional.
Lo que los economistas llaman política expansiva del gasto público o política anti cíclica.
En el caso de Panamá hay espacio para endeudarse, siempre y cuando sea en proporciones racionales.
Esto no es difícil demostrarlo, luego del excelente desempeño que tuvo las finanzas públicas durante los últimos años, cuando el país logró reducir significativamente la relación Deuda Pública entre el Producto Interno Bruto Nominal, de 70% a 45% durante 2004 a 2008, y mejorar la mayoría de los indicadores fiscales (ver tabla)..
Los aspectos mencionados con anterioridad son económicamente racionales y tienen innumerables fundamentos en la literatura económica.
Lo que si no tendría racionalidad económica, es que las políticas nacionales de los siguientes años se fundamente en las promesas electorales. Como es conocido, una campaña electoral que se caracterizó por el desprestigio y una competencia de quien prometía más, para ganar el voto.
Por ello, promesas tales como eliminar el Cálculo Alternativo del Impuesto Sobre la Renta (CAIR) me parecen que deben ser reconsideradas.
El CAIR ni siquiera es un impuesto, es una manera de cobrar el Impuesto Sobre la Renta (ISR). Además, no tiene un efecto recaudatorio importante, ya que apenas recauda unos 15 millones dólares por año.
El CAIR fue la pieza clave de la reforma fiscal de 2005, por el efecto que tuvo para reducir la evasión fiscal.
Como es conocido, si un negocio presenta una declaración con pérdida tiene que demostrárselo al fisco. Eliminar esta manera de cobrar el ISR se traducirá en un aumento de la evasión y afectará las finanzas públicas del Estado panameño.
Es necesario también resaltar el hecho de que las tres principales empresas calificadoras de riesgos tienen a Panamá a un paso de alcanzar grado inversión.
De allí la importancia de que las políticas económicas y fiscales se fundamenten en principios económicos y fiscales, y no en las promesas y compromisos de una campaña electoral.
El tiempo ha demostrado que con la macroeconomía y el fuego no se juega.