Vivimos un cambio de época que nos hace oscilar entre un cierto optimismo, por las oportunidades que se presentan y un cierto pesimismo por la incertidumbre que todo lo rodea.
La sensación de que el futuro es incierto, que la pobreza no cede, que el hambre se convierta en tema mundial, que el individualismo es lo único que cuenta, que la democracia ya no satisface necesidades, todo esto daña el sentido colectivo de las cosas, el sentido de pertenencia, en fin la cohesión social.
Bajo este panorama, 40 jefes de Estados se reunieron en Roma para hablar sobre la seguridad alimentaria, organizada por la FAO.
Allí, el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, señaló que hay que aumentar en un 50% la producción mundial de alimentos, de aquí al año 2030, si el mundo quiere evitar guerras y otras crisis.
Jacques Diourf, director general de la FAO, advierten que se necesitan 30.000 millones de dólares anuales para asegurar a 862 millones de pobres los alimentos para vivir, hecho que podrá frenar el espectro de los conflictos a nivel mundial.
Frente a la interrogante mundial de por qué suben los precios de los alimentos, hubo muchas respuestas, muchos aducen que la producción de etanol disparó el precio de los alimentos, otros aducen que la subida de precios de debe a la propia distribución de los alimentos, es decir al encarecimiento del transporte por lo altos precios del petróleo.
Otros aducen que las subvenciones a la agricultura distorsionan los intercambios, confiriendo una ventaja hacia los países ricos, en detrimento de los subdesarrollados.
Inclusive, el presidente Nicolas Sarkozy, propuso crear un grupo internacional de científicos para establecer un diagnóstico sobre la situación de la seguridad alimentaria. La mayoría aboga por la necesidad de potenciar la agricultura local de los países en desarrollo.
[Continuará...]