Economía

El juego arruina a América Latina


Cada habitante de América Latina consagra un promedio de $250 anuales al juego, según las estimaciones más realistas que manejan los expertos. En todo caso, con los $100,000 millones que devora el juego cada 12 meses, en ocho años se podría pagar toda la deuda externa del continente.
Pero la realidad es más cruda: el vicio de jugar casi tan viejo como el mundo alcanzó en los últimos años proporciones alarmantes.
Los kioscos de loterías proliferan, los casinos se multiplican, las casas de apuestas clandestinas brotan en cada esquina: millones de latinoamericanos sueñan con escapar de la pobreza gracias a un golpe de suerte.
Venezuela, Perú, Argentina, Colombia, Panamá, Brasil y Uruguay son considerados como los países más apostadores de la región, donde el vértigo de las máquinas tragamonedas, casinos, hipódromos, loterías, quinielas y bingos, al igual que el juego clandestino y, últimamente, las apuestas por internet fascinan cada día a millones de personas.
Detrás de esa actividad aparentemente banal, se mueve un negocio que rivaliza, en volumen, con la industria petrolera o la venta de armas, pero es difícil establecer una comparación precisa, debido al secreto que envuelve las actividades vinculadas al juego.
Se calcula que el juego legal y clandestino debe llegar entre $80,000 y $100,000 millones por año en América Latina.
Visto en esos términos, se puede pensar que el juego es una de las ""industrias"" más prósperas de la economía latinoamericana que, además, no sólo enriquece a los operadores, sino que también genera empleos y nutre las arcas de los gobiernos gracias a la recaudación fiscal.
Eso explica, en gran parte, la tolerancia y a veces los estímulos que proporciona el Estado a las implantaciones de casinos o al lanzamiento de nuevos juegos de azar.
Pero esa actitud, destinada a aumentar la recaudación impositiva, tiene barnices hipócritas: nadie ignora que el juego incide sobre la salud física y mental, afecta la estabilidad laboral, desestabiliza las relaciones familiares, engendra vicio, pobreza y cuando es clandestino estimula el funcionamiento de las mafias y el lavado de dinero. Su onda expansiva suele salpicar incluso a la clase política, como ocurrió recientemente en Brasil.
No todos los países latinoamericanos toleran las apuestas, en gran medida debido a la imposibilidad de controlar eficazmente las actividades que se asocian a los juegos de azar, tanto sociales como económicas.
A pesar de la prohibición imperante en varios países, los jugadores buscan vías alternativas para saciar su pasión: algunos optan por las apuestas clandestinas, otros participan en ruletas o hipódromos ""virtuales"" sin moverse de sus hogares, mientras que los más privilegiados se dejan tentar por las atractivas promociones que ofrecen los casinos legales de países fronterizos.
""La importancia de las apuestas en América Latina es notoria, no sólo desde el punto de vista cuantitativo (aumento de las apuestas y de la cantidad de jugadores), sino también cualitativo (modalidades de juego más atractivas y formas de captar una nueva clientela)"", indicó el médico César A. Sánchez Bello, fundador de la sección de Juego Patológico de la Asociación de Psiquiatría de América Latina (APAL).
En Chile, uno de los países más moderados en la materia se apuestan unos $200 millones anuales, mientras que en Venezuela, donde el 59% de la población participa en algún juego de azar, se gastan $1,000 millones en el mismo período. Tan sólo en las carreras de caballo, los venezolanos juegan $125 millones anuales.
En Argentina, donde no en todas las ciudades están permitidos los juegos de azar, las personas gastan unos $700 millones en loterías, carreras y casinos dependientes del Estado.
En el casino flotante del puerto de Buenos Aires, un escape de las prohibiciones que existen en la capital argentina, en el 2002 se vendieron fichas por más de $380 millones.
Su pequeño vecino, Uruguay, con tan sólo tres millones de habitantes, registra apuestas anuales por alrededor de $550 millones, debido al alto número de turistas que visitan los casinos nacionales, escapando de las prohibiciones en sus respectivos países.
En apenas un día, los tres casinos de Punta del Este recaudaron más de $2 millones, gracias a la devoción de algunos jugadores brasileños que están dispuestos a gastar unos $10,000 por noche.
Estas abultadas cifras no incluyen los juegos de azar clandestinos, que según los expertos, recaudan fortunas inconmensurables por año en toda América Latina.
La mayoría de los latinoamericanos vive con un salario mínimo de unos $100 al mes y sólo 2% tiene un ingreso que le permitiría gastar en juegos de azar sin afectar su presupuesto diario.
Sin embargo, el número de personas adictas al juego aumenta considerablemente, debido en parte a la crisis que azota la región.
""La crisis social se ha acentuado de manera alarmante y el ciudadano común busca la solución de su problema económico en el juego"", según Sánchez Bello.


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152473
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América