El ser humano es susceptible a lo que algunos denominan “contagio mental”. Esa tal vez “debilidad” fue aprovechada y comercializada configurando lo que se conoce como “sociedad de consumo”.
El desarrollo de la revolución industrial propinó una producción masiva de artículos en serie y en grandes cantidades, creando una gran competencia. El destacar un producto o un servicio del montón requería de propaganda comercial, que en sus inicios se limitaba a carteles en avenidas, calles y otros.
Con la llegada de la nueva tecnología y el respaldo de los medios de comunicación, las técnicas de la publicidad se hacen más creativas y su alcance ejerce gran influencia sobre la población.
Un claro ejemplo es la Coca Cola, que a 121 años de que fuera inventada por Penberton es la gaseosa más reconocida en el mundo. Detrás de cada sorbo hay millones de dólares invertidos en publicidad y generaciones de seguidores. Carteras hay muchas y de cuero genuino, no obstante, ninguna supera a la Louis Vuitton, la marca más valiosa del mundo, según la revista Forbes. Igualmente el “rankins Bradz” de la consultora Millward Bizown consolida a Google como el buscador de Internet más poderoso a nivel mundial, con un valor superior a los 86.000 millones de dólares.
El poder de la publicidad siembra necesidad donde sólo hay deseo. No siempre el producto, o el servicio que nos ofrecen es el mejor, por lo que es importante adquirir una actitud inteligente y conservar el sentido común, de manera que no nos afecte la calidad de vida.