Para quien nunca ha experimentado el peso que conlleva la directriz de un negocio, es fácil exclamar con resonancia verbal que "los empresarios son explotadores del pueblo".
Los obreros --en el oficio que sea-- somos fichas claves de todo negocio, pero con menos resposanbilidades que aquellos que lideran una empresa en este mundo financieramente convulsionado.
La expresión "empresarios explotadores del pueblo", que en la arenga sindicalista da vigor espiritual, no encaja con la realidad económica de una nación.
Todo el que instala una empresa lo hace explorando bienestar económico, pero en la difícil búsqueda de este objetivo,enfrenta feroz batalla por la subsistencia y, si no resiste los embates financieros, sucumbe, cae y fracasa.
Los anaqueles de hechos trágicos están repletos de informes sobre empresarios que por presiones económicas se suicidaron para evadir los problemas.
Ser empresario no es fácil. Es vivir acechado por situaciones que constantemente se repiten y no logran engendrar el sosiego mental.
En los empresarios, la llaga financiera no cicatriza y todos los meses el "explotador del pueblo" tiene que enfrentar erguido, ocultando sus cuitas personales, las responsabilidades infalibles: pago de planilla, impuestos, cuotas de la Caja del Seguro Social, compromisos bancarios, cuentas de luz, agua y teléfono, seguridad, limpieza del local, combustible y afrontar una que otra demanda laboral además de donaciones para obras de caridad o, lo que ahora está de moda, el zarpazo de los políticos.
La vida de un ejecutivo de empresa no es fácil. En cada esquina lo espera un problema, un degenerado, un indigente, un chantajista, un atracador, un mentiroso o un sibarita que amarga su existencia y el que más tiene, peligra y enfrenta mayores riesgos.
Empresario es todo aquel que se organiza en pequeñas proporciones hasta el que dirige los tentáculos de una transnacional donde se protege hasta el último centavo cuyo movimiento es fiscalizado por los accionistas.
Muchos empresarios no tiene paz mental, ni económica. El mejor salario no erradica la incertidumbre cotidiana. Son esclavos de sus empleados y de las deudas, y en ocasiones, hacen malabarismos financieros para evitar el desmoronamiento del negocio.
Los empresarios, desde el propietario de una tienda o taxi, hasta el presidente de una corporación, generalmente son personas económicamente insatisfechas o aferrados a un ideal que se resisten a permanecer atado al grillete de un salario y asumen el desafío económico estableciendo un negocio para ganar más dinero, aunque acumulen más problemas, pero si logran sortearlos con habilidad, llegan a la heroicidad financiera.
Hay muchos empresarios que mentalmente se torturan por un ideal que a veces, no alcanzan y perecen ahogados en las desventuras que hay en el ambiente.
No podemos negar que habrá uno que otro sátrapa que desea sacar ventajas económicas de sus subalternos, pero en su intento por lograr más dinero estrujando la capacidad de sus obreros, enfrentará los dolores que causan los aguijones financieros en la conciencia que es un juez implacable.
Muchos soñamos con ser millonarios, pero más feliz vive el obrero que despreocupado cobra su salario y parrandea sin temor a ser secuestrado, chantajeado o asesinado por una bazofia humana que se convierte en delincuente para saciar su incurable adicción.