Resulta claro para todos los participantes en la industria de las telecomunicaciones, así también como para el regulador y, sobre todo los usuarios, que el periodo que se inició en la década de los 80 representó los años dorados del sector en términos de innovación tecnológica, aumento de la accesibilidad y generación de todo tipo de excedentes de consumidor.
Como se decía antes, la ola privatizadora y desreguladora fue la combinación de políticas adecuadas para las necesidades de la sociedad en ese momento.
El problema que se le plantea al sector son los desafíos futuros. Algunos analistas observan que la construcción de las nuevas redes de comunicación que permitirán la inauguración de una nueva ola de innovación en la manera en que se usa la información y se consume cultura y entretenimiento equivale a una revolución tecnológica similar a la que inauguró la era de la telefonía de voz.
Como tal, la construcción de nuevas redes requerirá volúmenes de inversión significativos.
Por ejemplo, se estima que la inversión para el despliegue de fibra óptica en Europa debería requerir entre 250 y 300 mil millones de euros. En particular, en Gran Bretaña la construcción de redes de nueva generación necesitará aproximadamente 28 mil millones de Libras Esterlinas. En los EE.UU., a pesar de las ingentes inversiones realizadas, se ha alcanzado una penetración de fibra óptica de solamente el 6% de los accesos de banda ancha.
El cuadro de esta página muestra los planes de inversión en redes de acceso de nueva generación anunciados por operadores europeos. Como se observa, aun en el contexto del volumen millonario de inversión planeado (antes de la crisis financiera), no se llegaba a cubrir las necesidades integrales de la población. Si se asume que la crisis actual puede llegar a afectar el volumen de inversión y que si la suma total de capital de inversión se ve reducida, la parte más afectada es la construcción de nuevas redes originales.