La administración Bush insiste en defender con uñas y dientes su política de un dólar fuerte a pesar del descontento de las quejas de los exportadores y las advertencias de economistas contra los riesgos de corrección brutal de las tasas de cambio presentados por el agravamiento de los déficits externos. El secretario del Tesoro Paul O"Neill parecía solo contra todos el pasado miércoles ante una comisión del Senado para explicar que un billete verde fuerte sigue siendo del mayor interés de la primera potencia económica mundial.
"Comprendo las dificultades creadas" por el impacto de un dólar fuerte sobre algunas industrias, señaló, insistiendo en el hecho que las pérdidas provocadas por la competencia extranjera eran "un mal menor" para Estados Unidos, que necesita capitales externos para financiar su consumo y sus inversiones.
Pero este enorme aporte de colocaciones extranjeras desde mediados de los años 90 en detrimento fundamentalmente de Europa y de Asia hace aumentar el valor del dólar contra el euro y el yen, y ha llevado a un importante aumento del déficit de la balanza de pagos corrientes (déficit comercial y de capitales). Este déficit se ubicó en 417,000 millones de dólares en 2001, lo que implica un 4.1% del Producto Interno Bruto estadounidense, y debería seguir aumentando.
Para muchos industriales, la fortaleza del dólar es un "handicap" muy pesado. El presidente de la asociación de industrias manufactureras, Jerry Jasinowski, afirma que la moneda estadounidense está sobrevaliada de 25 a 30%, lo que "tiene un efecto devastador" sobre los industriales.
Según él, esto costó cientos de miles de empleos y explica el deterioro del comercio exterior. Imperturbable, Paul O"Neill afirma que el aumento del déficit no es preocupante ya que refleja que la economía estadounidense ofrece, gracias a su mayor competitividad, los mejores rendimientos en el mundo. Buscar bajar el dólar sería inútil porque las tasas de cambio resultan de los parámetros económicos fundamentales, enfatizó.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) subrayó en abril el peligro para el crecimiento estadounidense y del planeta "de una corrección súbita de los importantes desequilibrios que representan el déficit elevado de las cuentas corrientes estadounidense, la débil tasa de ahorro de los hogares y el endeudamiento relativamente importante de las empresas". Los argumentos adelantados por la administración a favor de un dólar fuerte ya no se adaptan a la situación actual, explicó Fred Bergsten, director del Institute for International Economics.
A fines de los años 90, cuando el crecimiento estadounidense superaba 5% y el desempleo era de 4%, el aumento de las importaciones y la fuerza del dólar permitieron contener la inflación y evitar que la Reserva Federal aumentara sus tasas, señaló. Pero actualmente la economía estadounidense conoce una recuperación incierta, tras una breve recesión, y el desempleo está en 6%.
El problema que enfrenta Estados Unidos es fundamentalmente su colosal endeudamiento externo y el peligro de que los extranjeros se inquieten y decidan colocar sus fondos en otro lugar, explicó Bergsten. Estados Unidos pasó de una posición de acreedor en 1980 a un endeudamiento externo total de 2.2 billones (2,200 millardos) a fines de 2000, lo que implica aproximadamente 20% de su PIB.
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*El autor es economista.