Estados Unidos ha experimentado en los últimos cinco años un auge en su producción energética, pero la oposición a la técnica que ha propiciado este auge, la fractura hidráulica ("fracking"), ha llegado a las urnas.
De las siete ciudades de Colorado y Ohio que votaron el pasado martes sobre este método de extracción de gas y petróleo, cuatro aprobaron moratorias, restricciones o prohibiciones, mientras que las otras tres las rechazaron. La controversia que suscitan los impactos medioambientales de la fractura hidráulica corre en paralelo a su impacto económico, pues es la responsable del "boom" energético de EE.UU. del último lustro.
En 2008, la producción de crudo en el país estaba en los niveles más bajos desde 1946, con 5 millones de barriles al día de media. EE.UU. produjo unos 7.3 millones de barriles diarios de crudo en los siete primeros meses de 2013, un 46% más que cinco años antes, según la Administración de Información Energética. Por primera vez desde la década de los 70, ha cedido la primacía mundial como país importador de petróleo a China.