La Asamblea Anual del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) concluyó ayer en Estambul (Turquía) con muchas promesas pendientes y el mensaje de que hay que mantenerse en guardia pese a las señales de reactivación en la economía mundial.
El encuentro sirvió para confirmar también el empuje de los países emergentes, sobre todo los asiáticos, que se han convertido en la nueva locomotora de una economía global aún renqueante.
"Esta es la primera vez en la que los países emergentes lideran la salida de la crisis", dijo a EFE Augusto de la Torre, economista jefe del BM para América Latina.
Más explícito todavía fue Stephen Green, presidente del mayor banco de Europa, HSBC, quien aseguró durante una rueda de prensa que "el centro de gravedad económico mundial" está cambiando de Oeste a Este.
Con ese nuevo equilibrio de fuerzas, los responsables de los dos organismos multilaterales prometieron acelerar la reforma para dar más voz en sus estructuras de poder a los países en desarrollo.
La realidad demuestra, de todos modos, que las grandes promesas son difíciles de cumplir.