Hace unos meses cené con un viejo amigo que me contó una historia asombrosa.
Dos años antes, un buen tipo sin experiencia alguna en bienes raíces se le había acercado para decirle que podía hacerse una fortuna apostando contra el mercado de la vivienda de Estados Unidos.
Este hombre esperaba reunir dinero para un fondo de cobertura cuyo único propósito era hacer eso, invirtiendo en corto en el mercado de hipotecas "subprime", o de alto riesgo.
Entonces le pidió a mi amigo que invirtiera con él, pero mi amigo se negó. Ahora mi amigo se siente tonto.
"Todo ocurrió exactamente como él señaló que ocurriría", dijo. "Al detalle".
El nombre del creador del fondo de cobertura era John Paulson. Y --como explicaron recientemente Jenny Strasburg y Anthony Effinger, de Bloomberg News, y Gregory Zuckerman, del Wall Street Journal-- al obtener para sí entre $3.000 millones y $4.000 millones en 2007, parece haber establecido un récord en Wall Street.
En la larga historia de las ganancias de dinero, nadie jamás hizo tanto tan rápido.
Como demuestra el artículo del Journal, los instintos de Paulson le dicen ahora que se quede tranquilo y evite llamar la atención a su extraordinaria victoria sobre sus colegas de Wall Street.
"Es renuente a celebrar mientras la vivienda causa otros perjuicios", explicó el Journal.
A lo que Paulson añadió: "Pensamos que mucho dueños de casas han sido víctimas". Y para demostrar su argumento, donó $15 millones a algo llamado Center for Responsible Lending (Centro para el Crédito Responsable), grupo que trabaja a favor de los propietarios de viviendas que enfrentan ejecuciones hipotecarias.
En serio.
Es posible llegar a tomar en serio a Paulson. Es verdad, hace dos años vio lo que estaba ocurriendo en el mercado de la vivienda de Estados Unidos, y a los propietarios de casas, y pensó en ello principalmente como una oportunidad para la venta corta. Pero tal vez, aun entonces, simplemente trataba de librar una guerra financiera en favor de la gente común, deprimiendo el valor de sus deudas titulizadas.
Ahora, quién sabe, Paulson a lo mejor apenas puede levantarse de la cama en las mañanas para contestar sus correos electrónicos o arrastrarse hasta la oficina en busca de un puñado de cientos de millones más o, en realidad, hacer otra cosa que reflexionar sobre la triste suerte del propietario de vivienda en Estados Unidos.
Por otra parte, puede haber visto con igual claridad las futuras consecuencias políticas y de relaciones públicas del colapso residencial en Estados Unidos como lo hizo con el hecho mismo.