Una nueva luz en la industria de la construcción se asoma, cuando prácticamente todo el engranaje de este sector de la economía panameña, estaba siendo redirigido de las residencias de alto valor a las viviendas de interés social.
La obtención del grado de inversión por Panamá es una esperanza de prosperidad en la que no sólo el segmento de la construcción, que creció el año pasado 5%, ha puesto sus ojos, sino todas las áreas económicas del país.
El otorgamiento del grado de inversión al país por la agencia Fitch Rating ayuda a que haya más tranquilidad para el inversionista extranjero, además de lograr que la gente mire a Panamá primero, porque sus niveles de inversión están mejorando pese a la crisis financiera mundial, indicó el vicepresidente de proyectos especiales y desarrollo del grupo SUCASA, Enrique Asensio.
“Todos estos factores pueden lograr que vuelva a repetirse el mismo ritmo en la construcción registrado algunos años atrás”, resaltó el también presidente de la Comisión Organizadora de Expo Vivienda Verano 2010.
En el otro lado, el socio director de la consultora INDESA, Felipe Chapman, manifestó que no ve implicaciones directas e inmediatas para el sector construcción; sin embargo, si puede haber un efecto positivo a mediano plazo, más que reducir los costos financieros, podría ser por la atracción de mayor interés extranjero en ese sector.
Siguiendo esta misma línea, el consultor Ramón Barreiro, de Goethals Consulting Corporation, dijo que no le parece demasiado importante para el sector de la construcción la obtención del grado de inversión, porque de hecho el mercado de hipotecas de Panamá es el más seguro de la región, lo que hace que la percepción de riesgo para este sector ya sea muy baja.
“Es el sector público el que se ha puesto al día con una calificación de grado de inversión frente al sector privado”, enfatizó el consultor.
Mercado.
Actualmente el mercado está siendo redirigido a las viviendas de interés social, que poseen ciertos incentivos como la ley de intereses preferenciales que fue ampliada de 10 a 15 años, el bono ofrecido por el Estado de $5 mil a las viviendas iguales o menores a $30 mil y la exoneración de bienes inmuebles.
Barreiro manifestó que aunque durante el apogeo del boom inmobiliario dominaron los proyectos de apartamentos y viviendas de lujo, las viviendas de interés social no fueron abandonadas, pese a que sí se vio una presión sobre la rentabilidad de estos proyectos relacionada al alza de los costos de producción.
"El boom económico eleva el costo de los bienes de producción, esto hace que sólo parezcan rentables las inversiones en bienes con los precios de venta más elevados; además, las señales del mercado a través de los precios parecen indicar durante el boom, que las personas han cambiado sus preferencias hacia bienes más caros. Ahora que se han estabilizado los precios de los inmuebles, volvemos a encontrar más diversidad de proyectos, como edificios de oficinas", resaltó el consultor.
Barreiro dijo que la "búrbuja" observada en la construcción, tuvo el efecto político de replantear las ayudas estatales a través de subsidios y préstamos blandos o preferenciales, de forma que se asegurase la rentabilidad de los proyectos; lo que probablemente, con condiciones de precios más estables en el sector, sea más fácil adecuar la proyección financiera de los proyectos de viviendas sociales, de forma que vuelvan a ser atractivos, en términos de rentabilidad, para más constructores.
El año pasado, se prestaron 276.4 millones de dólares en hipotecas amparadas por la ley de intereses preferenciales y unos 662.9 millones de dólares en hipotecas sin interés preferencial. Lo que sumó una cartera de 939.2 millones de dólares en vivienda hipotecaria.
El el 2008, la cartera hipotecaria fue de 1,003.1 millones de dólares, compuesta por préstamos por el orden de los 295.4 millones de dólares amparados en la ley de intereses preferenciales y 707.7 millones de dólares en no preferenciales.