El Gobierno griego afronta de nuevo esta semana la tarea de generar confianza y convencer a sus socios y acreedores de que cumplirá las exigencias de ahorro a que se ha condicionado la entrega de ayudas que Atenas requiere urgentemente.
De momento, Atenas se ha encontrado con la mala noticia de que la eurozona no decidirá en su reunión del próximo 3 de octubre sobre si libera o no los 10,801 millones de dólares del sexto tramo del préstamo concedido a Grecia el pasado año, unos fondos necesarios para que el país pueda seguir pagando pensiones y salarios.
Con todo, el Gobierno griego se mostró hoy confiado en que los inspectores que han de recomendar ese desembolso regresen pronto a Atenas para seguir con una misión que abandonaron el 2 de septiembre ante la falta de avances en la aplicación de medidas de ahorro.
“Nos encontramos en un muy buen punto en todas las negociaciones”, declaró al respecto el portavoz oficial griego, Ilias Mosialos, en una emisora.
De hecho, Atenas confía en que los inspectores del Fondo Monetario Internacional (FMI), la Unión Europea y el Banco Central Europeo regresen esta semana, si bien Bruselas insistió en que no hay fecha prevista para ese retorno, aunque podría producirse pronto.