La ingeniería frecuentemente subestima al cerebro, un órgano cuya forma de operar es todavía "una gran incógnita", por eso hay que ser muy cuidadosos a la hora de hablar de que pudiéramos ser suplantados por las máquinas: "Las computadoras no van a ser más inteligentes que los humanos".
Así lo cree el profesor de Matemáticas e Informática de la Universidad Libre de Berlín Raúl Rojas, quien en una entrevista con Efe afirma que en la ingeniería existe "la perniciosa tendencia" a pensar que ya conocemos lo esencial del cerebro y que por eso lo podemos duplicar electrónicamente, pero queda mucho por investigar.

"No sé qué porcentaje entendemos -del cerebro- y cuál no, pero sí que lo que nos queda por conocer es más que lo que ya sabemos".
Por eso, añade este profesor mexicano de inteligencia artificial, "a las computadoras no se les da la creatividad", aunque haya ejemplos como el del sistema Watson de IBM que ha logrado salir vencedor en un concurso de preguntas y respuestas (Trivial Pursuit).
El cerebro es un órgano tremendamente complejo y las máquinas pueden sustituir a los humanos sobre todo en tareas repetitivas, como leer los códigos postales de las cartas o soldando las partes de un coche.
Esto es positivo, pero provoca también una serie de problemas, entre ellos el del creciente desempleo, advierte Rojas.
Este experto en robótica explica que a diferencia de revoluciones industriales previas, los cambios ahora se están produciendo demasiado rápido, en solo 10 o 15 años y no en 30 o 40 años. Estos tiempos son insuficientes para la reeducación de los trabajadores.
En nuestro sistema capitalista se argumenta que la sustitución del trabajador por la máquina producirá nuevos y suficientes empleos, por ejemplo, para el mantenimiento e incluso diseño de la máquina. Esto podría ser, insiste, solo si hubiera suficiente tiempo para la reconversión.
Otro de los problemas de las tecnologías de la información, como internet, es que la sociedad las adopta de forma poco crítica: "No hay nada más que ver a los niños que ya no juegan en la calle".
"Hay que ser conscientes de los efectos de la técnica porque lo que puede pasar es que las máquinas sean cada vez más inteligentes, pero las personas cada vez menos", ironiza Rojas.
Robots
- Para construir robots, entender cómo funciona el cerebro humano, ayuda.
- Por ejemplo, los humanos no estamos pensando continuamente lo que vamos a hacer: andamos por el mundo en "automático", reaccionando por reflejos (si alguien nos va a pegar en la cara, cerramos los ojos antes de que al cerebro le llegue la señal de peligro).
- Por esta razón, los expertos están buscando olvidarse de las programaciones largas y sistemáticas en los robots.