En los países más pobres esta alza provoca una dramática situación: hambre y escaseces.
Los sucesivos incrementos de los precios del barril de petróleo dispararon y provocaron subidas continuas en todos los mercados y por supuesto los precios al consumidor en casi todos los países.
El combustible podrá bajar por maniobras bursátiles, pero los precios de los alimentos tienden a perpetuarse.
Se cierne el fantasma de la inflación, y cuando eso ocurre no debemos olvidar dos cuestiones esenciales.
La primera es que la subida de precios, aunque siempre objeto del debate económico, es uno de los fenómenos económicos conscientemente peor y más equivocadamente analizados, pues las explicaciones teóricas de la inflación se utilizan para justificar políticas radicalmente antisociales.
La segunda, que la inflación no solo tiene causas sino también y sobre todo propósitos porque, en la mayoría de las ocasiones, los grupos con poder pueden mejorar la posición en la distribución de la renta distribuyéndola.
Es por estas dos razones que conviene ser inteligentes y no dejarse llevar por los análisis tan sesgados que inundan los medios de comunicación y los discursos políticos.
Respecto a los precios de los productos básicos de la canasta familiar en el contexto europeo países como España, debemos estar claros que su elevación no es nueva.
La realidad es que desde la entrada del euro se está produciendo una tramposa configuración de los indicadores estadísticos, sucesivamente modificados y disimulados para evitar que adquiera rango oficial la real sensación de pérdida de poder adquisitivo que sienten los ciudadanos.
La subida de los precios de los alimentos, e incluso del petróleo y otras materias primas, se está produciendo cuando los especuladores han tenido que dejar los mercados financieros como consecuencia de la crisis inicial de las hipotecas, cuya última víctima ha sido el histórico banco Lehman Brothers.
Los precios de los alimentos suben porque las grandes corporaciones imponen su ley, porque los gobiernos las dejan hacer. Siempre se habla de salarios para explicar las subidas de precios, pero nunca se refieren a los enormes gastos financieros para maquinar sobre el mercado, que es algo que no está al alcance de los trabajadores.
Una mirada desde Cuba y sus efectos.
Cuba ha sido atravesada por dos poderosos huracanes que han de arrasado su economía, y su agricultura. El balance elaborado por el gobierno de Cuba tras el paso de los huracanes Ike y Gustav da cuenta de una devastación sin precedente en la economía y la infraestructura de la isla. Según estimaciones oficiales, alrededor de medio millón de casas resultaron afectadas ??"15 por ciento del total de viviendas??", el número de damnificados se calcula en 2 millones y las pérdidas materiales equivalen a por lo menos 5 mil millones de dólares, es decir, más de 10 % del producto interno bruto cubano. Para colmo, los ciclones arrasaron con al menos un millón de toneladas de cosechas??" y destruyeron otras 5 mil toneladas de alimentos almacenados, son colosales cifras y hechos para un pequeño país del Caribe insular.
La situación, por sí misma catastrófica, se agrava aún más como consecuencia del bloqueo económico, comercial y financiero que el gobierno de Estados Unidos impuso desde hace más de cuatro décadas contra la Isla. Gracias a sus reservas estatales para casos de desastres, la emergencia pudo ser enfrentada.
Continuará.