El Gobierno de la India abre los ojos al negocio del turismo religioso y trata de atraer a los más de 700 millones de budistas que hay en el mundo, con la promesa de una ruta que sigue los pasos de Buda y que dejará de ser tortuosa en breve.
En este país está la Meca de los budistas y por ello las autoridades indias han decidido invertir esfuerzos y presupuesto para dar un lavado de cara a los lugares sagrados y mejorar su accesibilidad.
A muchos budistas les gustaría peregrinar al lugar donde Buda nació, pronunció su primer sermón o alcanzó la iluminación, pero hasta ahora lo han tenido bien difícil.
No ha sido por falta de fe, sino de buenas carreteras e infraestructuras turísticas, los dos principales problemas para el desarrollo turístico de la India.
No son sólo son los lugares históricos: es una proeza visitar la residencia del líder espiritual del Budismo, el Dalai Lama, en la ciudad de Dharamshala (norte de la India), donde vive en el exilio desde hace 47 años.
Un 90% de los budistas están en Asia, un pastel jugoso para que el Gobierno indio lo deje pasar.