La industria de la carne estadounidense se opone con firmeza a la puesta en marcha de un sistema de etiquetado considerado costoso que permitiría hacer un seguimiento del animal desde su nacimiento hasta su venta en las carnicerías, tras el hallazgo del primer caso de vaca loca en Estados Unidos.
El jefe de la minoría demócrata en el Senado, Tom Daschle solicitó al ministerio de Agricultura la puesta en marcha "de inmediato" del programa de etiquetado "made in USA" adoptado en 2002, pero cuyo financiamiento fue bloqueado en el Congreso debido a su alto costo.
"Para mantener la confianza de los consumidores, la administración Bush debería aplicar de inmediato el etiquetado sobre el país de origen", afirmó. El senador acusó a los republicanos de querer "postergar por dos años" más la puesta en funcionamiento del programa.
"Si la ley hubiera sido aplicada, la vaca sobre la cual se detectó la enfermedad de la vaca loca en el estado de Washington, no habría tenido la etiqueta "producto estadounidense"", agregó.
Luego de la crisis desatada por causa de la enfermedad de la vaca loca en Europa en los años 90, la Unión Europea puso en marcha un sistema de etiquetado y aumentó fuertemente las pruebas que permiten detectar la encefalopatía espongiforme bovina (EEB).
Estados Unidos halló en diciembre un primer caso de vaca loca en su territorio en el estado de Washington (noroeste). Las pruebas de ADN confirmaron que el animal infectado fue importado desde Canadá.
La industria de la carne estadounidense reaccionó en forma inmediata a la propuesta de Daschle al juzgarla "inadecuada" y "alarmista", según afirmó Patrick Boyle, presidente del Instituto Estadounidense de la Carne.
Un etiquetado "obligatorio" costaría 3,900 millones de dólares "sólo para el primer año" y pesaría con fuerza sobre los actores del sector bovino, advirtió. "Las medidas en marcha para proteger al ganado estadounidense contra la aparición de EEB han funcionado", aseguró.