Si bien es cierto que las buenas intenciones del gobierno y de todos los panameños es un desarrollo turístico que incremente la empleomanía, riqueza y calidad de vida al igual que el porcentaje de ingresos que representa la industria al fisco para el desahogo impositivo de todos los otros sectores, continuamos en ascuas en cuanto a planes de desarrollo y el significado de un turismo de altura.
En la edición del sábado del Panamá América (página 12) me atribuyen que “a la sociedad panameña le hace falta ‘vocación turística’ y el mejor ejemplo es la subutilización del aeropuerto de Tocumen”. Y es bien acertada la imputación.
Desde mi retorno al istmo en 2002 he dedicado no menos de una docena de artículos al desprestigiado aeródromo.
Tal malsano camaleón, la metamorfosis de Tocumen nos expone una terminal físicamente optimizada pero asombrosamente, gobierno tras gobierno, nos hemos quedado atrás en sus más elementales pinceladas y el trato al usuario permanece a todas luces menguado.
Ante todo, ¿Cuándo intentaremos escuchar al turista? Aquí tomamos decisiones al libre albedrio sin consultar al jugador clave en la ecuación.
No logramos comprender que el mercadeo más exitoso es aquel que está dirigido hacia la optimización de la satisfacción del turista.
Al turista lo maltratamos y ultrajamos sin importarnos las consecuencias.
Se hace ineludible una encuesta de opinión al turista, administrada por un ente privado e independiente, que nos permita medir la satisfacción de nuestros visitantes.
Tocumen goza de un tráfico anual de cinco millones de usuarios, de los cuales aproximadamente tres millones y medio se catalogan de tránsito.
Estéril resulta la terminal en cuanto al mercadeo del país como destino.
¡Si allí maximizáramos la venta de nuestro destino tan eficientemente como se venden perfumes, cigarrillos y licores, logrando, por ejemplo, un minúsculo retorno del 10% de los transeúntes, lograríamos incrementar nuestra cifra anual de turismo aproximadamente en un 25 por ciento!
Por enésimo año consecutivo, nuestro café obtiene el máximo galardón mundial. ¿Cuándo gozaremos de kioscos por doquier que lo ofrezcan, con el cintillo #1 coffee in the world? Nos enorgullecen nuestras artesanías ¿Cuándo las brindaremos en establecimientos diversos del aeropuerto?.