Economía

Inversiones se disparan en mercado de valores


La incorporación del Acuerdo sobre Gobierno Corporativo en Panamá levantó pronósticos que apuntaban a una disminución de los registros de valores de la Comisión Nacional de Valores (CNV) .
Sin embargo, Carlos A. Barsallo, comisionado presidente de la CNV, explicó que los resultados fueron lo contrario. En el año 2004 se han registrado 14 valores y 11 emisores por un monto total de 750 millones de dólares.
Si se comparan estas cifras con las vigentes a diciembre de 2003, fecha en la que aún no regía el acuerdo, se puede ver la diferencia. En este momento tenían 9 valores, de 9 emisores por un monto de 166 millones de dólares.
Sin duda el Acuerdo de 2003 sobre Gobierno Corporativo no representó una disminución de valores, ni montos, pues había temor de que la regulación podría ahuyentar a los inversores.
Se proyecta que las nuevas inversiones generarán al final del año 2006, 27,700 nuevos puestos de trabajo permanentes.
El sector de la construcción, es el más beneficiado. Las demandas anuales de empleos podrían ser de aproximadamente 1,200 personas.

Extenderás tu mano que -impasible
quiere lograr la flor indivisible:
su cauto aroma velará tu frente.

Como sierva te huí. Que te encadena
más ese afán de hallarme en la colmena,
carcelera celosa de tu mente!
Alondra muerta, flor de sol y cielo,
te dormiste a mis plantas
como si un viaje de certera flecha atravesara mudo
ésta tu blanca irradiación de nardos.
Tú bordaste el tapiz de la mañana
-mañanita de julia limpia y pura-
con el eco indeciso
de tu vida ya rota.
¡La hoz de plata
rozó aquella campana leve y mágica!
Era tu última queja.

 
¡Y yo miraba en plena caricia de mi sueño
tu pico negro abierto para el canto
del adiós sin retorno!

Tú sabías del trino
y de la miel de la corola virgen:
de los juegos del sol
en la pradera rosa, verde y lila,
Era tu manto de vellón de cielo
y tu frágil cobija fue la noche.

¡Cómo se alborazada tu garganta
-melodía desnuda-
cuando te me ibas recta hacia la cumbre
ignorada del alba!

 
¡Eras prisma de oro,
reina del aire,
con tus dos alas combas!

Ya no palpitará -¡Oh nunca, nunca!-
ese adorado corazón de nardos
que dormía en tu pecho de cristal.

El pico, agudo, negro,
¿qué solicita ahora
de la nube de oro?

 
¡Muerta alondra de luz de mis mañanas,
abre tu pecho herido
y recógeme humilde,
encerrada por siempre en tu añoranza!

Otra vez, extranjero, rubio auriga,
los nativos trigales pisoteaba.
Marta Lydia era un íbice, una espiga,
que Chahal, amoroso, custodiaba.

Por esa antigua pena que fustiga
la estirpe de Balam, muda y esclava,
no doblegó la ráfaga enemiga
su verde corazón del cielo y lava.

 
Infalible, segura, el pulso fuerte,
una sola consigna de odio y muerte,
ella, tan frágil, ¡ay! tan sensitiva.

Ella, la flor, celeste guerrillera,
abatirá, conquistador, certera,
tu sien, la del Tonatihu, rediviva.
Era en ella el amor. La edad del trino.
La clara diosa, Atit, besó su frente.
Ella, vaso sagrado, limpia fuente.
Casa de oro, Gabriela, miel y vino.

Pero la noche que Iztayul previno
cayó de pronto a medio sol naciente.
Oscuro pacto de águila y serpiente
vendió la flor, la casa y el camino.

¡Adiós amor, querida primavera!
Atormentado sueño de obsidiana
tiñó de sangre la canción primera.

Ella de pie, sonriendo todavía,
del héroe herido silenciosa hermana,
cortando nieblas esperaba el día.


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166728
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América