Nacieron en los ochenta, uno de los periodos más críticos de la historia reciente de la región: la llamada “década perdida”.
Han crecido en medio de numerosas y grandes transformaciones en el mundo de la producción y del trabajo: globalización de los mercados, migración masiva, mayor requerimiento y uso de tecnologías de información e idiomas y –en algunos países– reformas laborales significativas, entre otras.
Son más educados que generaciones anteriores.
Sus primeros años los vivieron en un contexto de crisis frecuentes y han sido testigos de cómo los mercados laborales de la región se tornaban precarios al mismo ritmo que sus condiciones de vida y las de sus familias, sostiene la OIT.