Hace un año atrás la urea (uno de los principales fertilizantes para producir arroz y que es derivado del petróleo) costaba $26 el quintal, hoy día cuesta $44 y sigue subiendo. Así, el costo de producción de una hectárea de arroz subió de $1,440 que costaba el año pasado a $1,971 en el 2008, y sigue subiendo. Estas alzas ocurren en un momento en que los precios de los alimentos en el mercado internacional aumentan sin control y en algunos casos se presentan posibles desabastecimientos.
El Gobierno, a través del programa Agrocompita prometió insumos más baratos, entre ellos la urea a $24 el quintal, financiamiento a tasa preferencial, etc., sin embargo, ninguno de estos incentivos ha llegado a tiempo y por ello la actual cosecha viene con los mismos altos costos de producción que se han tratado de disminuir. Es decir, viene cara.
Como si el problema de los costos fuera poco, hay que añadirle ahora el impacto de la visión no solamente equivocada sino inmediatista y de corto plazo del actual gobierno al tratar de enfrentar la inflación importando el arroz blanco llamado "Compita".
El Gobierno, junto con sus defensores gratuitos y pagados, han planteado que la importación del arroz compita es marginal comparado con la demanda nacional, pero este análisis es equivocado. En Panamá se consumen 7 millones de quintales de arroz y de esto se producen nacionalmente 5,8 millones de quintales, la diferencia se importa a través de un contingente de importación. 350,000 quintales de arroz pilado “compita” significan 507,500 quintales de arroz blanco (listo para el consumo), esta importación ha distorsionado la cadena de producción- comercialización del grano en el país.