La hasta hace poco robusta economía de Miami-Dade, que había logrado mantenerse a flote mientras el resto del país nadaba en una marea fría de desaceleramiento, está cerca de caer en un torbellino.
Las secuelas de los ataques terroristas han bombardeado desde el turismo y la aviación hasta las ventas minoristas y el comercio internacional, produciendo una ola masiva de despidos y colocando al condado en el epílogo de una era de prosperidad.
"Estoy preocupado por la salud de nuestra economía’’, alertó el alcalde Alex Penelas al hacer una llamado de emergencia para que los residentes salieran este fin de semana a gastar. "Cuando los turistas no vienen, no sólo las aerolíneas se ven afectadas, sino todo el mundo’’.
La mayoría de los negocios en Miami ya han notado un enfriamiento en sus operaciones.
Hasta en las gasolineras, no obstante la imperiosa necesidad del combustible y su reciente baja de precios se están sintiendo los efectos. Sunshine Gasoline Distributors, que posee 25 estaciones de servicio en el sur de la Florida, ha visto sus ventas contraerse en más del 10 por ciento desde los atentados.
"No sólo no hay turistas, sino que la gente está dejando de utilizar el automóvil por gusto’’, afirmó Máximo Alvarez, propietario de Sunshine. "Si antes iban en un viaje a la lavandería y en otro al supermercado, ahora tratan de hacer ambos en uno’’.
Sólo en turismo, que representa el 20 por ciento de la economía de Miami, las pérdidas diarias en el Condado superan los $25 millones, según el Buró de Convenciones y Turismo del Gran Miami. Aún es muy temprano para calcular el impacto en otras industrias, afirman economistas.
Los expertos proyectan que la tasa de desempleo en Miami-Dade se disparará por encima del 9 por ciento en los próximos meses. Hoteles, restaurantes y comercios, así como compañías de mantenimiento de aviones y cruceros, ya comenzaron a despedir a miles de empleados.
"Estamos hablando de un impacto psicológico en la confianza del consumidor’’, explicó el economista Tony Villamil, presidente de Washington Economics Group. "La solución es recuperar esa confianza, pero eso toma mucho tiempo’’.
El medio empleado por los terroristas para cometer los atentados, así como las nuevas medidas de seguridad implementadas en los aeropuertos, han desestimulado a los consumidores a volar. Un 96 por ciento de los visitantes que llegan a Miami-Dade lo hacen por vía aérea, y uno de cada seis empleos en el condado está vinculado a la industria turística.
Decenas de convenciones han sido pospuestas y miles de reservaciones de cruceros canceladas. Los hoteles están vacíos, y en los centros comerciales no hay mayor aglutinamiento.
"No queda duda de que la economía de Miami-Dade declinará’’, dijo John Cordrey, vicepresidente de investigación del Beacon Council, la agencia promotora del condado.
En particular desventaja para Miami se suma un debilitamiento en las economías latinoamericanas. El comercio bilateral con la región se ha contraído este año, y podría empobrecer aún más a raíz de la actual situación, sostienen analistas.