La economía de Indonesia, que estaba empezando a emerger de la crisis, se ha convertido en otra víctima del atentado ocurrido el pasado 12 de octubre en la turística isla de Bali y que causó casi 200 muertos.
Una semana después del sangriento suceso, considerado el peor ataque terrorista desde el 11 de septiembre del 2001, ya ha quedado claro el impacto en el sector turístico, que supone un tres por ciento del Producto Interior Bruto indonesio, sólo por detrás del petróleo y el gas.
Según una encuesta realizada a las diez principales agencias de viajes de Bali, desde el atentado se han cancelado más del 50 por ciento de las reservas, revela hoy el diario "The Yakarta Post".
La ocupación hostelera en Bali ha caído desde el 70 por ciento del pasado 12 de octubre hasta el 38 por ciento, y más de 29,000 turistas extranjeros han abandonado la isla en la última semana.