El conocimiento y la educación han jugado un papel prominente desde los mismos orígenes de la humanidad. Este rol adquiere papel preponderante durante la revolución industrial cuando se introducen las grandes máquinas de carbón y vapor.
Sin duda las tecnologías de aquel momento constituyeron el factor sine qua non que impulsó la explosión de la productividad económica, lo que a su vez pavimentó el camino para el desarrollo de algunas naciones y el subdesarrollo de otras.
Si la educación y la tecnología fueron vitales en la historia económica moderna, a partir de la globalización éstos adquieren ribetes de dramática importancia. En una era en la cual el avance tecnológico y el conocimiento crecen exponencialmente, la educación se torna la clave de la competitividad y la competitividad la clave del éxito.
Veamos el caso específico de Panamá en cuanto a la calidad de su educación y las políticas que podrían adoptarse para mejorar su competitividad.
El Foro Económico Mundial (FEM), realiza un informe anual sobre el índice de competitividad global de cada país, que a su vez está compuesto por un promedio de diferentes componentes agrupados en 12 pilares. Uno de éstos es la educación superior y el entrenamiento.
Por ejemplo, en cuanto a la tasa de matrículas por persona en educación secundaria, Panamá se encuentra en la posición 93 del ranking mundial, después de Chile (54), México (67) y Costa Rica (71), mientras que en la tasa de matriculas en educación terciaria, está en la posición 47.
En el indicador de calidad del sistema, Panamá se encuentra en el número 108 con un nivel de 2.8 en una escala del 1 al 7 (donde 1 significa que no se reúnen las necesidades de una economía competitiva y 7 que sí se reúnen). Esta posición en el ranking indica que estamos por debajo de la media mundial en términos de calidad del sistema educativo.
En el indicador de calidad de la educación en ciencias y matemáticas, Panamá obtuvo la posición número 112, por debajo de Costa Rica (64), Colombia (79), Uruguay (91), Chile (107) y El Salvador (108).
Con respecto al indicador de calidad de las escuelas de gerencia, nuestro país alcanzó la posición 91, detrás de Chile (19), Costa Rica (20), Argentina (26), Guatemala (47), México (53) y El Salvador (70).
En cuanto a acceso a Internet en las escuelas, Panamá obtuvo la posición número 80 por debajo de Chile (41), México (76) y Colombia (78), pero superó a Argentina (90), El Salvador (95) y Ecuador (111).
En el indicador de disponibilidad local de servicios de investigación y entrenamiento especializado, nos ubicamos en la posición 65, por detrás de Costa Rica (40), Guatemala (43), Chile (46) y México (55), y en el grado de extensión de entrenamiento a empleados ocupamos la posición 58, después de Costa Rica (25) y Chile (48), superando a El Salvador (66), Argentina (86), México (87) y Colombia (91).
Estos resultados nos llevan de manera inequívoca a identificar cuales son algunas de las políticas que debe tomar Panamá para mejorar la competitividad de su educación y por ende para enrumbarse por el camino del desarrollo. Sin embargo, es claro que estos cambios no se pueden dar en un vacío, sino en apego a una realidad.
Por ende, se requiere con extrema urgencia avanzar en un consenso que involucre a todos los actores, incluyendo al sector privado, Gobierno, estudiantes, padres, y por supuesto a los propios gremios de la educación pública. Cuando menos, estos indicadores dan una medida objetiva de lo que anda mal y de lo que anda bien.