Eran las 10 de la mañana de un sábado cuando nos dirigimos rumbo a San Blas, el entusiasmo hacia lo que estaba por conocer era tanto que no nos preocupaba la distancia por recorrer.
Abordamos una lancha desde Costa Arriba de Colón. Nos comentaron lo impresionante del viaje y lo hermoso de la naturaleza que estaba a nuestra vista, pero nunca lo riesgoso que podía ser.
La embarcación partió a toda máquina, mientras todos cantábamos, y reíamos, poco a poco nos alejábamos de la orilla y nos adentrábamos más al mar. El tiempo hasta el momento estaba a nuestro favor, un sol radiante, una agradable brisa y unas perfectas olas formaban el escenario con que todo turista sueña.
Transcurría el tiempo, pasábamos diferentes pueblos y cada vez más nuestra piel se enrojecía por los rayos del sol; sin embargo, no le prestábamos mucha atención, ya que con una copa de cóctel en la mano, nos deleitábamos ante tanta riqueza virgen que nuestro país tiene y por lo que nada tiene que envidiar a otros.
Con la mirada puesta hacia el horizonte, atravesamos el pueblo de Santa Isabel (donde nació el boxeador Ismael Laguna) e inmediatamente nos introducimos a la Comarca Kuna Yala.
A casi una hora de navegación, pasamos por Puerta del Diablo, llamado así ya que cuando una embarcación decide entrar, antes debe dar varias vueltas hasta que el capitán de la lancha encuentre el momento propicio.
A lo lejos visualizábamos una pequeña isla a la que gustan visitar los buzos. Decidimos desviarnos un poco y acercarnos a ella, era hermoso lo que estaba a nuestros ojos. Su agua es color turquesa, ya que en ella hay manganeso. Se comenta que en su profundidad la brújula no registra, pero hay variedades de animales marinos.
La brisa hacía salpicar gotas de agua salada en nuestros rostros, las olas eran tan perfectas para quienes gustan del surf. Ante tanto deleite, continuamos el trayecto y cada vez más nos acercábamos al destino que estábamos por conocer.
De pronto nos encontramos con una canoa en donde habían tres indios que se dedicaban a pescar. Ellos algo tímidos y con unos trapos que sólo le cubrían sus miembros habían pescado dos langostas que no dudaron en vendernos.
A tres horas de camino, llegamos a El Porvenir .Realizamos recorridos por varias islas de la Comarca y en el camino vimos algo nunca visto por nosotros, eran delfines que nos salieron a recibir al son de sus danzas. Maravilloso.
Era tanta la magia que nos envolvía, que cuando nos percatamos de la hora transcurrida ya se hacía tarde y debíamos regresar. Tomamos nuevamente la embarcación de vuelta, pero esta vez el mar estaba picado y por ende el viento lo teníamos en contra.
Ignorábamos los riesgos, sólo reíamos, cantábamos y aplaudíamos a pesar de estar exhaustos ante impresionante aventura. De pronto se oscureció y aún nos faltaba mucho por navegar, la embarcación saltaba mucho por los fuertes golpes de las olas.
Los hombres del grupo fueron los que llevaron la peor parte, ya que sus cuerpos saltaban tanto que sus miembros quedaron doloridos, pero aún así no dejaban de cantar y reír. Se oscurecían cada vez más, pero nuestro consuelo era que nos acercábamos a nuestra llegada, y así fue.
Al capitán de la lancha le costó algo llevar la embarcación a la orilla por el rompimiento de las olas, pero después de varios intentos lo logró y finalmente regresamos sanos y salvo, pero sobre todo con ganas de regresar.