La industria pesquera en Rusia está en manos de mafias y funcionarios corruptos, es el sector que más pérdidas supone al fisco, y funciona con reglas que hacen más rentable vender la pesca en alta mar, a que se pudra en puerto.
"Los pescadores rusos no entregan la captura en los puertos de su país porque los mecanismos para entregar la carga son muy complicados y sufren grandes pérdidas", declaró Vladimir Izmaílov, vicepresidente del Comité Estatal de la Pesca de Rusia (CEPR).
El funcionario subrayó que el caos legislativo es el problema más serio que afecta al sector, donde para un caso concreto existen diferentes leyes o disposiciones gubernamentales, que la mayoría de las veces permiten lo que otras leyes proscriben.
"La posibilidad del funcionario de emplear tal o cual mecanismo, hace que los pescadores rusos prefieran entregar la captura en alta mar, a pesar de que los precios en puerto ruso son a veces más altos que en el exterior", citó la agencia Itar-Tass.
"En Noruega la descarga de un barco ruso demora unas cuantas horas, mientras que en nuestros puertos este proceso puede durar varios días; los pescadores pierden tiempo, la carga se descompone y además hay que pagar todo tipo de multas y aranceles", comentó.
"En los puertos del país los pescadores sólo encuentran problemas, mientras que en el exterior, además de recibir el pago anticipado por la carga, se les ofrece créditos y otros privilegios", recalcó el funcionario.
La actividad pesquera, que hace diez años situaba a Rusia en el segundo lugar entre las potencias pesqueras del mundo, se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para el Gobierno por la criminalidad y la corrupción que impera en todas sus estructuras.
El caos del sector pesquero empeora aún más la situación en los puertos rusos, en donde todavía hay segmentos absolutamente bajo el control de los grupos criminales aliados con los funcionarios corruptos.
Según el semanario "Ekspert", la estructura de la actividad pesquera trabaja para estafar al estado, desde el pescador que captura esturiones en el delta del Volga, hasta el buque factoría que procesa y empaqueta miles de toneladas de pescado al año.
A diferencia de otros sectores orientados a la exportación, la pesca no se somete a ningún mecanismo de control porque tanto para el pescador o el buque, es casi imposible establecer la cantidad y el precio de venta de la captura.
Según fuentes de la Policía de Japón, cada año en alta mar los rusos venden en alta mar ilegalmente a sus colegas nipones solamente cangrejos por un valor superior a los 300 millones de dólares.
Mientras, el ministerio ruso del Interior en un informe publicado la semana pasada evaluó entre 3.000 y 5.000 millones de dólares la cantidad de impuestos que no entra anualmente al fisco por la captura que se vende ilegalmente en alta mar.
Los buques rusos que faenan en aguas territoriales venden su carga a barcos de otros países, toman rumbo hacia puertos en el extranjero, o entregan la pesca en aguas internacionales a barcos que no tienen licencia para trabajar en aguas rusas.
Una actividad que mueve decenas de millones de dólares, bajo el control de los funcionarios corruptos, es la venta de cuotas de pesca que inicialmente se otorgan a buques que han naufragado o están fuera de servicio y después se revenden a terceros.
Pero el negocio que ocasionó más pérdidas al Estado fue la privatización del 96,5 por ciento de los buques de la flota pesquera de la extinta URSS, rematados a precios de ganga en un mar de violaciones legislativas y todo tipo de artilugios delictivos.
Como el caso de la compañía estatal Najodribdflot, vendida por un millón de dólares, mientras que únicamente la flotilla de buques tenían un costo de 300 millones de dólares.
Otro mecanismo infalible consistió en entregar los buques en arriendo a empresas que posteriormente desaparecieron o fueron rematadas por sanción judicial para cance sus deudas.
De esta forma, las empresas estatales Bostoktransflot, Yugtransflot, Kalinitransflot y Sevribflot, las cuatro más potentes del país, perdieron la mayoría de sus buques-factoría en un contrato oscuro con la compañía estadounidense Trans Ocean Express, rematada por un tribunal en Boston.
Pero hay más problemas, la pesca indiscriminada está agotando las reservas de algunas especies, lo que ha obligado al gobierno a emprender medidas urgentes para evitar una catástrofe en uno de los biosistemas más sensibles del planeta.
Yuri Sinelnik, presidente del CEPR anunció el pasado jueves que a partir del año 2001 se prohibirá a las embarcaciones extranjeras la pesca en el Mar de Ojotsk y el Mar de Bering, en el Extremo Oriente.
En el presente año se redujeron las cuotas de pesca a buques de Polonia, Corea del Sur y China, y también a los barcos rusos que desde hace varios años pescan en estas aguas el "mintái", una variedad de merluza, cuya población disminuye considerablemente y que el año pasado se capturaron 980.000 toneladas.
Los expertos estiman que para restablecer la población de esta variedad es necesario reducir 1,5 a 2 veces la cuota de capturas del mintái durante los próximos cinco años a siete años.