América Latina lleva 5 años (2004 ??" 2008) creciendo por encima del 4%.
Este mayor crecimiento económico, con respecto al pasado, proviene, entre otros motivos, del incremento de precios de los productos primarios (petróleo, metales y alimentos), aunque también de la entrada de divisas procedentes de las remesas de los emigrantes y del considerable incremento de la inversión extranjera directa en la región.
Expectativa positiva.
Se espera además que esta positiva coyuntura económica continúe en 2009, con un crecimiento estimado del PIB del 4% para la región.
Si este pronóstico se confirma, al final del 2009 la región habrá acumulado, en siete años (2003-9), un aumento de la renta por habitante del 24%, equivalente a algo más del 3% anual, lo que ya es el período de mayor crecimiento y el más prolongado desde 1980.
El crecimiento económico medio anual de las 7 naciones más grandes del subcontinente (México, Brasil, Chile, Colombia, Venezuela, Argentina y Perú), entre 2002 y 2007, fue del 6%.
Sin embargo, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), si se eliminase el positivo efecto que genera el alza de los precios de las materias primas (petróleo, cobre, alimentos, etc.).
Ese crecimiento se vería minorado en dos puntos porcentuales, es decir, se quedaría en un 4%.
Además del mayor crecimiento económico y de empleo, la subida de los precios de los productos básicos ha favorecido, la reducción de la deuda externa, mejora de las finanzas públicas, credibilidad y flexibilidad de los sistemas cambiarios e independencia de los bancos centrales.
Disminución del riesgo.
Como consecuencia de todo ello, la región ha reducido
considerablemente su nivel de riesgo y tiene más capacidad de absorber shocks externos.
Además, la pobreza se ha reducido drásticamente en los últimos 5 años.
Los indicadores de la indigencia, que es la pobreza extrema, han caído del 20% al 13,5% en cinco años.
Si los precios de los alimentos y las materias primas cayesen bruscamente, muchos países de Latinoamérica podrían entrar en recesión (más de dos trimestres seguidos con crecimiento negativo).
De ahí que algunos estén administrando con cautela las nuevas fuentes de riqueza: es el caso de Brasil, Colombia o Chile, que están ahorrando recursos con visión intergeneracional.
En cambio, Venezuela sigue una visión cortoplacista. Si cayera el precio del petróleo, su situación fiscal se vería seriamente comprometida.
Un inconveniente que pueden encontrar los países de la región como consecuencia de la fuerte entrada de divisas generada por el aumento de los precios de las materias primas es la denominada "enfermedad holandesa".
Mayor oferta.
La mayor oferta de divisas genera una apreciación del tipo de cambio, es el caso de Brasil y México, que desanima las exportaciones de bienes industriales, aumenta las importaciones y restringe así el crecimiento económico.
Además el exceso de oferta de divisas en el mercado cambiario obliga a algunos bancos centrales latinoamericanos a comprar divisas para evitar una apreciación mayor del tipo de cambio.
Pero la compra de divisas por parte de un banco central tiene como contrapartida un aumento de la cantidad de dinero en la economía y como consecuencia tensiones inflacionistas.
Alza de interés.
Para evitar la inflación generada por ese aumento de la expansión monetaria los bancos centrales deben subir los tipos de interés.
El banco central de Brasil ha comprado divisas para sostener la cotización del real y evitar así una mayor apreciación del real, pagando un alto coste en términos de elevados tipos de interés.
Algo similar puede estar ocurriendo en el caso de México.
En definitiva, la entrada masiva de divisas provocada por el incremento del precio de las materias primas exportadas puede derivar en una apreciación del tipo de cambio que, a su vez, desaliente la actividad industrial.
Un buen ejemplo a seguir para sacarle partido al alza de los precios de las materias primas sería quizá el de Chile.
Su presidenta, Michelle Bachelet, declaró que América Latina debe aprovechar el auge del precio de las materias primas para desarrollarse, y reiteró su compromiso de destinar los ingresos recaudados por el alto precio del cobre a la educación y formación, lo cual parece una medida acertada.