El presidente de la Asociación de Líneas Aereas de Panamá (ALAP), Moisés Véliz, lamentó el cese de operaciones en Panamá y en todo el mundo de la aerolínea suramericana AeroPerú, que el pasado martes anunció un cierre temporal por 60 días, mientras busca recursos que le permitan enfrentar una deuda de más de 174 millones de dólares.
Actualmente la empresa, que sólo tiene activos líquidos por 50 millones de dólares, se mantendrá operando en algunas rutas domésticas hasta este domingo, cuando dejará de volar definitivamente.
En Panamá, la oficina de AeroPerú, que dirigía la empresaria "Tita" Méndez y la cual mantenía alrededor de 10 empleados, dejó de prestar servicios al público desde el mes de enero, cerrando la ruta Panamá-San José, en la que realizaba dos vuelos por semana.
Véliz destacó que el cierre de AeroPerú es lamentable para la industria aérea y para el país, ya que esta era una empresa que tenía más de 25 años de volar hacia Panamá y ahora desgraciadamente tiene que abandonar no sólo este destino, sino todas sus otras rutas.
Los ejecutivos de Aero-Perú trataron de salvar la situación buscando un convenio con la estadounidense America Airlines, a quien le propusieron vender parte de sus acciones, sin embargo las dos corporaciones no pudieron llegar a un feliz entendimiento, por la alta deuda que presentaba la compañía peruana.
Al momento del colapso, los principales socios de Aeroperú, que facturaba entre 180 y 190 millones de dólares al año, eran Delta Airlines, Aero México y el Gobierno del Perú, quien posee el 20 por ciento de las acciones.
Cuandó suspendió sus vuelos internaiconales Aeroperú dejó varado a decenas de pasajeros en el exterior y el miércoles cientos de personas comenzaron a reclamar en el aeropuerto y ante las puertas cerradas de las oficinas de Perú el reembolso de su dinero o la transferencia de sus pasajes a otra línea aérea.
En el caso de Panamá, Aero-Perú funcionaba por medio de una agencia general de ventas, que ganaba una comisión o porcentaje por la cantidad de boletos vendidos.
A diferencia de otras compañías, la sociedad peruana no tenía una planilla de personal en el aeropuerto de Tocumen, sino que todos los servicios que necesitaba los recibía a través de subcontratos, por lo que la pérdida de empleos no será significativa.