Panamá tiene una de las peores distribuciones de ingreso de América Latina, ya que el 64% de los hogares rurales se encuentra en pobreza y más de la tercera parte en pobreza extrema.
La pobreza en Panamá afecta a más de 1 millón de personas, que representan el 37.1% de la población total del país.
Pero se ha preguntado usted, ¿Cómo si existen planes y proyectos vinculados a combatirla, tanto por el Estado como por el sector privado, los índices continúan creciendo?
A pesar de los esfuerzos, hace más de 50 años surgió un instrumento que pretendió ser clave en el desarrollo integral del país, para beneficiar a los pobres, pero en los últimos años lo envuelven fuertes indicios de corrupción.
Es así como el título de "Organizaciones No Gubernamentales" o ONG se ha empañado hasta convertirse en un techo que esconde la malversación de fondos, que en su mayoría provienen de organismos internacionales como el PNUD, UNESCO, OEA, USAID, BID, GTZ, FIDA, FIA, entre otros.
Una situación que desvirtúa la razón social por la cual fueron concebidas, porque como las define el Banco Mundial "deben caracterizarse por tener objetivos humanitarios de cooperación, que comerciales".
Waldaba Stewart, representante de la Alianza de ONG para el Desarrollo Sostenible del Sur, denunció que se ha desvirtuado el concepto, los objetivos y la misión de las ONG porque se han convertido en un negocio.
Un estudio realizado por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) sobre la situación actual de las ONG en el país, revela que en 10 años estas organizaciones han manejado más de 153 millones de dólares para financiar supuestamente proyectos de índole social.
Pero, ¿dónde está todo ese dinero y en qué proyectos se ha invertido?
La respuesta es que "la mayoría de estos recursos fueron administrados por organizaciones que están a la caza de fondos"y surgen y resurgen cuando se ofrece la oportunidad de obtener unos cuantos billetes".
Ello ha propiciado que a partir de la última década exista un extraño "resurgimiento dinámico de las ONG", que han variado sus funciones y actividades, ampliando su marco de acción hacia la conservación, producción, el ambiente y otra gama de nuevos temas, porque obtienen mayores beneficios económicos por el financiamiento de proyectos.
Se estima que anualmente las ONG reciben 20 millones de dólares que provienen de diferentes entidades internacionales. Además que se "alimentan" de préstamos y subsidios estatales.
De 1990-1997, las ONG recibieron préstamos del Ministerio de Comercio e Industrias (MICI) por casi 3 millones de dólares; del Ministerio de la Juventud, la Mujer, la Niñez y la Familia (MINJUMNFA) por 2.3 millones; de la Zona Libre de Colón por 200 mil; de la Lotería Nacional de Beneficencia por 532 mil (cifras del 2002).
Pero los beneficios no terminan allí, ya que además de exonerar, también son exoneradas del pago de impuestos sobre la renta, de bienes muebles, papel sellado y los subsidios que otorga el Estado para el consumo de electricidad, el cual no excederá de 20% del costo del servicio.
Stewart lamenta la situación, ya que "en vez de propiciar la ayuda a los más pobres, los recursos quedan en el maletín de unos cuantos". Pero, ¿por qué?
Según registros no actualizados del MEF, en Panamá existen más de 550 ONG. Sin embargo, otras cifras indican que superan las 3 mil.
Estas cifras difieren porque no existe un organismo que las regule o las integre, ya que muchas sólo alcanzan a obtener su personería jurídica ante el Ministerio de Gobierno y Justicia y no completan su registro en el MEF.
Además, según sea su finalidad (agropecuarias, asistencia social, cívica, desarrollo comunitario, discapacitados, drogas, educación, familia, gremial, indígenas, investigación, jóvenes, medio ambiente, micro y pequeña empresas, mujer, niños, salud, tercera edad, transporte y vivienda), también deben obtener certificaciones en ministerios como el de Trabajo, Salud, Desarrollo Agropecuario o institutos como el IPACOOP.
"Esta situación motiva un fuerte llamado de atención, ya que es evidente que falta un marco jurídico que defina claramente los deberes y derechos de las ONG, que también planteé políticas y lineamientos que regulen y den seguimiento a las actividades de estas organizaciones".
No todo está perdido. En Panamá existen ONG serias que se han mantenido bajo los parámetros del voluntariado y el trabajo gratuito, el verdadero objetivo de estas organizaciones.
Waldaba Stewart señala que "el gran problema en Panamá es que algunas organizaciones funcionan contrario a otros países donde deben rendir cuentas del trabajo que hacen" y la situación se complica cuando se incrementa el número de ONG de maletín".
Estas le restan credibilidad a las que luchan por continuar programas sustentados, porque los requisitos y el trámite exigidos son mínimos, hasta el punto que personalidades ligadas al Estado las hacen para beneficiarse de los subsidios que emanan de ellas.
Sin embargo, existen algunas de reconocimiento internacional que en vez de sucumbir permanecen erguidas ante la estampida de los oportunistas.
Fundación Pro Niños del Darién es una de ellas. Guibel Méndez de Holmes, presidenta de la fundación, reitera que hace falta un organismo o entidad que regule el establecimiento de las ONG en Panamá.
También recalcó que es importante "evitar que haya gente con pocos escrúpulos que afectan la imagen del país", pues es evidente que una vez se comprueba el fraude de "las que son de maletín", es difícil que las demás logren conseguir apoyo.
Sin embargo, aún el camino no es escabroso, ya que logran obtener fondos de las aportaciones de padrinos y organizaciones que creen en la labor que realizan.
Durante el último año (2003), la fundación registró ingresos producto de donaciones por un monto de 1,683,151.00 de dólares. De estos fondos un 47% proviene del programa de padrinazgo que tiene la fundación, el 9% de subsidios estatales, 2% de donaciones recibidas en especies, 8% rendimientos, 18% por contratos con el Ministerio de Salud, 10% del Proyecto Deco Darién, 3% en Administración de proyectos y 3% de otros ingresos. Méndez destaca que el 97% de los ingresos fueron invertidos en actividades realizadas en beneficio de más de 10 mil niños y niñas que participan de los programas que realizan en Darién, bajo auditorías anuales de la firma Grant Thornton Cheng y Asociados, que garantiza la transparencia de su labor.