La visita del presidente de Rusia, Vladímir Putin, a Japón esta semana ha abierto las puertas del sector de la energía ruso al capital nipón, dispuesto a relegar las disputas territoriales ante los pingües negocios que Moscú ofrece en bandeja.
"Los lazos empresariales ruso-nipones se animan, a pesar del punto muerto de las islas", señala en su portada el nuevo número del semanario económico "Nikkei Weekly", aparecido ayer.
Esta publicación se refería a la disputa que Moscú y Tokio mantienen en torno a las islas Kuriles, arrebatadas en 1945 por la Unión Soviética al Japón derrotado en la Segunda Guerra Mundial.
La visita de Putin a Tokio no ha servido para acercar las posturas enfrentadas, en las que Japón exige la devolución de las cuatro islas para firmar un tratado de paz definitivo entre ambos países.
Pero si en el terreno político el viaje de Putin ha dejado las cosas como estaban, no ha sido así desde el punto de vista económico, pues esta visita ha sentado las bases para una mayor cooperación en el terreno de la energía, con renovadas peticiones rusas de inversión que esta vez encontraron respuesta en Japón. Con ofertas consiguió concesiones rusas.