El ex alcalde de Ciudad de Panamá y actual embajador ante la OEA, Guillermo Cochez, recordó en días pasados a la prensa que Estados Unidos no cumplió con entregar los mil millones de dólares ofrecidos para la reconstrucción del país en 1990.
Panamá no era sujeto de crédito en esos días y al vicepresidente y ministro de Planificación y Política Económica, Guillermo Ford, inició la dura renegociación de la deuda con los organismos internacionales de crédito, los mismos que generosamente dieron el dinero a los militares durante la dictadura, lo que inició en 1993 el proceso de privatización (Cítricos de Chiriquí), que se intensificaría durante la administración siguiente (1994-1999) del economista Ernesto Pérez Balladares, quien logró la refinanciación.
Espejismo.
Rogelio Alvarado, del Ministerio de Economía y Finanzas, recordó que el crecimiento económico promedió 7% anual entre 1969 y 1973 y en los años de más incremento de la deuda pública, entre 1978 y 1982, 8.8%, pero casi todo era producto de préstamos.
“Al final, este recorrido dejó el curso de la economía echada a la suerte: deprimida en unos y estancada en otros años, una desocupación que expresada en proporción de la fuerza laboral llegó hasta casi el 20% y que ha costado 20 años rebajar a un solo guarismo, y una deuda pública equivalente al 87% del valor de todo lo que el país produce en un año”, agregó Alvarado.
Advirtió que “es una situación insostenible que, en modo alguno, puede atribuirse exclusivamente a los dos últimos años de este periodo de dictadura”.
Medida en términos de Producto Interno Bruto, tomó tres años esa tarea y en términos de desempleo, bastante más, dijo.
A partir de 1990 hubo que liberar la economía de lo que la atajaba: desmontar empresas que costaron millones de millones de dólares a los contribuyentes, en algunos casos, sin valor residual alguno como es el caso de Empresa Nacional de Semillas, y en otros, rescatando una proporción de la inversión pública como en el caso del IRHE, recordó el economista.