La clase de los nuevos pobres crece en forma tan pavorosa en Argentina como avanza la extinción de la clase media, por una destructiva mezcla de recesión con devaluación y bloqueo de ahorros que trajo la ruina de comerciantes, profesionales y empleados.
La postración de la economía viene de larga data y se remonta a los últimos 18 meses del gobierno de Carlos Menem (1989-1999), pero en menos de seis meses de este año cuatro millones de argentinos atravesaron hacia abajo la frontera de la pobreza.
No hay datos precisos sobre cuántos de estos nuevos pobres eran gente de la clase media, pero en total suman 18 millones, la mitad de la población, al pertenecer a familias cuyo ingreso mensual es menor a 598 pesos (168 dólares), nuevo límite fijado para identificar a los más necesitados.
La decadencia de un sector social de relativamente buen pasar, que fue muy numeroso en mejores tiempos para el país, se está reflejando a simple vista en el comercio minorista, donde unos 100,000 tuvieron que cerrar sus puertas.
Avenidas de locales comerciales suntuosos como la céntrica Santa Fe en Buenos Aires lucen los días hábiles como si fuera un feriado, con decenas de persianas metálicas bajas donde pegaron carteles que rezan "cierre definitivo".
Otros millares de negocios en todo el país muestran leyendas como "liquidación total por crisis" o avisos desesperados de "aceptamos dólares, pesos, patacones, Lecops" o cualquiera de las cuasimonedas que proliferaron como hongos para reemplazar la falta de dinero en circulación.
Un millón y medio de personas que tenían su dinero depositado en los bancos quedaron atrapados en el "corralito" financiero, instalado para evitar una corrida en diciembre pasado y aún en pie, por supuesta falta de fondos para devolver los ahorros.
La clase media, que se había habituado a usar los bancos en un país donde no hay tradición de hacerlo, no ha vuelto a pisar una entidad financiera para hacer un depósito, si es que le ha quedado algún dinero fuera del sistema.