Cuando el Presidente Barack Obama asistió a la V Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago, quiso demostrarle la nueva cara de la política exterior estadounidense a una región a la defensiva, y ciertamente escéptica de sus intenciones.
Si bien todavía se escucharon los ecos de esa América Latina que insiste en el discurso de barricada por encima de la sagacidad diplomática, fue evidente el cambio de tono en nuestra tragicomedia hemisférica. Y por eso, para el nuevo presidente de nuestro país, no será nada fácil navegar estas heridas.
Siempre atento a las cámaras, el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez le presentó a Obama "Las venas abiertas de América Latina", algo que causó furor entre los comentaristas conservadores en este país. Lo que quizás olvidó Chávez es que los Obama, contrario a sus predecesores, no son extraños a estas quejas: en sus viajes a Kenya y en sus años universitarios estuvieron expuestos a teorías críticas de la actuación de los Estados Unidos. Por eso el Presidente Obama, al sentarse en las reuniones, pacientemente escuchó los discursos, incluso los más atrevidos y cuando intervino, recordó a los líderes presentes que no sólo Estados Unidos tiene que cambiar: “Todos nosotros tenemos la responsabilidad de mirar hacia el futuro... No podemos culpar a Estados Unidos de cada problema que se produce en el hemisferio”.
"Fue a todas luces un cambio de política exterior" me comentaba Julia Sweig, experta del influyente Consejo de Relaciones Exteriores (CRE) de Estados Unidos, la poderosa institución de políticas públicas en Washington D.C.
"No obstante, es prematuro ver cómo se desenvolverá el curso de estas políticas. Esto ocurrió muy temprano en su administración, incluso antes de que la nueva administración designase a todo el equipo asesor para América Latina. "En efecto, Obama siempre reconoció su disposición de conservar lo bueno y escuchar a los expertos por encima de las consignas partidistas. Así Robert Gates, un conspicuo miembro del ala pragmática del Partido Repúblicano, conservó la cartera de Defensa en el gabinete, y su otrora acérrima enemiga política, Hillary Clinton, hoy se desenvuelve con soltura como la titular de relaciones exteriores. “Y más importante aún", me comentaba Sweig "es que la publicidad negativa del apretón de manos de Obama con Chávez no determinará el futuro de la región en la agenda del Presidente".
Si bien Obama es un imán de buena publicidad, ese apretón de manos no fue lo importante, en medio de risas no necesariamente espontáneas. Stephanie Miller del Centro para el Progreso Americano (CAP), institución cercana al Partido Demócrata que estuvo encargada de organizar la transición presidencial, me reconocía que "Obama dejó muy claro en el encuentro que desea cooperar con la región en varias áreas, especialmente en la promoción de energías renovables, el desarrollo económico y la seguridad. Tal y como parece, encontró a un auditorio receptivo, pero ahora se necesita acción, y si el Presidente Obama, no es fiel a esas promesas, aquellas se convertirán en palabras vacías."
El Tratado de Promoción Comercial con Panamá es un tema candente en la agenda del Congreso, especialmente en el crudo contexto de la recesión.
Sweig y Miller coinciden que es probable que los problemas con el texto sean pasajeros, y que por ello sea sometido a votación pronto. Así, el nuevo presidente tiene por delante el reto de navegar una región donde todavía hay cicatrices sin cauterizar, y por tanto es necesario abstenerse de declaraciones inflamatorias, como aquellas que tuvieron lugar durante la graduación de INCAE en Costa Rica.
Así, el reto será, buscar una forma de cerrar estas heridas con respecto a EEUU, y más importante aún, con nuestra propia historia.