El "efecto Lula", que se irradió en Brasil con la elección de Luiz Inacio Lula da Silva, desembarcó esta semana en el Mercosur para revitalizar el agonizante proceso de integración subregional, con fuerte apoyo argentino y la conformidad de Paraguay y Uruguay. "Este año puede ser el de la reactivación del Mercosur y Brasil está muy interesado en ello", comentó a la AFP el analista político independiente Juan Carlos Doyenart.
Para Doyenart "la política de Itamaraty (la cancillería brasileña) hacia el mundo, hacia la región y en especial hacia Estados Unidos, no la cambia ningún presidente", pero evidentemente la revisión de la línea brasileña hacia el bloque se produce "por el interés personal del nuevo presidente".
Tras cuatro años de crisis y desencuentros a partir de la devaluación del real en Brasil, que desnudó discrepancias y asimetrías entre los países miembros, el grupo pareció revivir en la reunión extraordinaria de cancilleres celebrada el miércoles pasado en Montevideo, con el logro de múltiples consensos.
Para alcanzar ese resultado resultaron fundamentales las gestiones del canciller brasileño, Celso Amorim, quien viajó primero a Buenos Aires para asegurar respaldo argentino a sus propuestas, y después arrastrar hacia un inevitable consenso a los socios menores.
"Hay una impronta personal de Lula en esto, va a intentar revitalizar el proceso, pero depende de la recuperación de la economía argentina", porque "vamos a no engañarnos, el Mercosur es Argentina y Brasil, nace cuando dejan de confrontarse, y después le dan un entorno regional", expresó Doyenart.
En su opinión, el mayor interés de Brasil en el Mercosur "es político, para mostrar su liderazgo regional al mundo, y porque aspira a ser el eje de América del Sur, en lugar de Estados Unidos". Amorin, en declaraciones dijo que su país quiere ejercer un liderazgo en el Mercosur, con "generosidad" hacia las economías pequeñas del bloque (Paraguay y Uruguay).