En Panamá, el centro bancario, además de cumplir su rol como facilitador para el financiamiento de negocios y atracción de nuevas inversiones, se inició como un sistema autorregulado por la cantidad de bancos extranjeros y la baja presencia de bancos domésticos.
Posteriormente, las condiciones variaron y se adoptaron nuevos marcos de regulación que desminuía los riesgos de vulnerabilidad de los sistemas bancarios.
Uno de los mayores logros en esta dirección fue el Acuerdo de Capital, conocido como Basilea 11, basado en principios para una supervisión efectiva.
Para lograrlo, se adoptó un marco de regulación acorde con los más altos estándares internacionales de regulación bancaria, además de otras acciones en la prevención para combatir el blanqueo de capitales y el financiamiento del terrorismo. Ello mereció evaluaciones satisfactorias del FMI.
Frente al panorama financiero mundial, el centro bancario panameño ha acogido nuevas normas para que la crisis no nos impacte como a otros sistemas.
Todo ello ha permitido mantener una estabilidad y positiva imagen de Panamá y reafirmar el mercado financiero de este país como una plaza estable y sobretodo propicia para consolidar importantes operaciones.