Distintos medios de comunicación social de Costa Rica se han ocupado en estos días del tema de la discriminación en las instituciones educativas de los niños discapacitados, especialmente de los que padecen de Síndrome de Down,. En la respuesta a los cuestionamientos que se formularon a su institución, un miembro de su Junta Directiva rechazó la afirmación de que tuvieran "mentalidad retrógrada" mostrando orgullo por que en ella se formaba personas bilingües, con sólidos conocimientos y aptitud competitiva. Es precisamente esa mentalidad de formar alumnos orgullosos de pertenecer a un grupo de élite intelectual, lo que es hoy cuestionado por la Psicología de fines de los años noventas.
A partir de 1995, con la publicación del libro de David Goleman, LA INTELIGENCIA EMOCIONAL, hay una profunda innovación en los conceptos tanto educativos como empresariales, al descubrir que el éxito en la vida no depende tanto de la Inteligencia Racional, a la que se refieren los conocimientos de ciencias y destrezas, como de la Inteligencia Emocional, que se refieren a la identificación y control de las emociones propias y a la identificación y manejo respetuoso de las emociones de los demás.
El segundo libro de este autor WORKING WIHT EMOTIONAL INTELLIGENCE, 1998, que ha tenido un notable impacto en la forma de elegir a los nuevos dirigentes de todos los niveles de las empresas con el enfoque conocido como "Gestión de Competencias", se inicia así: " Las reglas del trabajo están cambiando. Ahora estamos siendo juzgados no sólo por nuestra inteligencia, entrenamiento y experiencia, sino por la calidad con que manejamos nuestras emociones y las de cada una de las demás personas con que tratamos".
Más adelante agrega: "Estas ideas no son nuevas; muchas teorías gerenciales se centran en la forma en que cada uno se relaciona con las personas que lo rodean. Lo nuevo es que ahora contamos con veinticinco años de estudios empíricos que nos indican, con una precisión hasta ahora desconocida, cuanta Inteligencia Emocional hace falta para lograr el éxito en la vida."
Un dato espectacular que agrega este autor, es que en el Silicon Valley, el conocido y reducido espacio territorial de alta tecnología, a cuyas empresas no ingresa ningún ingeniero que no haya obtenido sólo A en todos sus estudios universitarios, sólo el 15% tienen verdadero éxito, en tanto que el 50% tienen claros fracasos y el resto se desempeña en una oscura medianía. ¿Es éste el tipo de futuro para el que preparamos a nuestros hijos, orgullosos de su calidad bilingüe, competitiva y de élite?
¿No será hora de que despertemos a la necesidad de que, junto a los campos de la Inteligencia Racional, enseñemos también a los hombres del siglo XXI la Inteligencia Emocional, en la cual el contacto respetuoso, auténticamente igualitario con personas de distintas formas de inteligencia, incluyendo los que, con diferentes tipos de discapacidades, no son parias de la nueva sociedad y, por tanto, se los encontrará a cada paso en la vida profesional y laboral?