De vacaciones por Miami durante un fin de semana reciente de mayo, José Arias fue a Sears y compró por $7 una batería para su reloj con su tarjeta de crédito. Tres días más tarde, mientras la tarjeta permanecía en su billetera, alguien hizo transacciones con ésta por más de $500 en varias estaciones de gasolina en Hialeah. El banco le dijo a Arias que una tarjeta de crédito falsa, réplica de la suya, había sido fabricada, y se tomó dos semanas en reintegrarle provisionalmente el dinero en su cuenta de cheques mientras se comprobaba el fraude. La tarjeta fue cancelada y se le concedió una nueva clave personal. Mientras tanto, Arias, un médico cubanoamericano en Tampa, quedó "frustrado y en bancarrota", dijo con ironía. Pagar con tarjetas de crédito en Miami, en un restaurante, bar o establecimiento comercial, se ha convertido en un acto peligroso. La ciudad es meca para "criminales tecnológicos" que cometen fraude de tarjetas de crédito con dispositivos especiales que leen y archivan la información contenida en las bandas magnéticas y luego las reproducen, afirman agentes de la división de crímenes financieros del Servicio Secreto. Investigadores bancarios señalan que en Miami, la ciudad con mayor número de acciones fraudulentas reportadas, se roban más de $2 millones mensuales en estafas de tarjetas de crédito. Nueva York, Los Angeles y Chicago siguen en la lista, pero el sur de la Florida, por la cantidad de turistas presentes, es el área predilecta de estos estafadores modernos.
En la nación, los fraudes de tarjeta de crédito ascendieron el año pasado a $125 millones, según cifras publicadas por la industria, pero el Servicio Secreto estima que el monto es aún mayor. Arias, de 40 años, en parte contó con suerte, ya que su esposa se percató de inmediato las transacciones fraudulentas al revisar su cuenta y canceló la tarjeta. Las sumas son mucho mayores generalmente.
"La pérdida promedio por cada tarjeta es de $5,000", explicó a El Nuevo Herald Luis Flores, agente especial del Servicio Secreto en Miami.
Los fraudes son llevados a cabo en gran parte por redes criminales internacionales hispanas, rusas y asiáticas. "En el sur de la Florida hay varios grupos organizados operando; ya hemos desmantelado a más de cinco", dijo Flores. Historias de pesadillas financieras con estafas de tarjetas de crédito se escuchan por doquier en Dade. A una periodista de El Nuevo Herald le han llegado cuentas de su tarjeta American Express por más de $10,000 por adquisiciones que nunca realizó. Un hampón ha comprado con su número dos computadoras y ropa a través de la internet, y hasta ha alquilado los servicios de una agencia de festejos. Aun con la tarjeta cancelada, los recibos continúan llegándole. "Ya temo llegar a mi casa y abrir el buzón de correo y encontrarme con gastos que no me pertenecen", dijo la editora. "Esto es una pérdida de tiempo, porque tengo que estar llamando a American Express, escribir cartas y documentar que no son mis compras". La cadena criminal en el fraude de tarjetas de crédito y débito, según investigaciones del Servicio Secreto en Miami y de expertos en tecnología, comienza con camareros en restaurantes, cantineros en bares y vendedores en comercios. El consumidor entrega la tarjeta para hacer el pago y el trabajador, antes de procesarla legítimamente, la desliza por un dispositivo llamado skimmer que capta datos confidenciales en su banda magnética y permite su posterior reproducción. El cliente, ignorando lo acontecido, sale del establecimiento con su tarjeta en la mano. Luego, el camarero le entrega el dispositivo al jefe de la banda que lo contrató. La información ahí contenida se transmite a una computadora, y se produce una copia exacta de la tarjeta original, explicó a El Nuevo Herald Albert Fernández, presidente de XTec Inc., una firma en Miami que fabrica sistemas para detectar este tipo de operaciones fraudulentas.