EN UNA columna anterior mencioné que la experiencia del banco de las aldeas o "Grameen Bank", dirigido por el economista bangladeshi Muhamad Yunus (ganador del premio Nobel en economía) parece decir que la pobreza ofrece un potencial significativo para hacer negocios.
En teoría la experiencia del Grameen en Bangladesh podría reproducirse en América Latina.
Ya en el año 2000 un informe de Marguerite Berger, consultora del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) clasificó a las micro-finanzas como un "mercado emergente" dentro de los mercados emergentes y aseveró que "El sector de la microempresa representa un enorme mercado sin explotar para la industria de servicios financieros en América Latina".
También en Panamá existe un 40% de pobreza y un significativo sector informal; sin embargo, el centro bancario que funciona en el país se orienta a los negocios millonarios y ni las leyes ni la política cuasi-liberal de los actuales gobernantes favorecen la pequeña empresa ni las micro-finanzas.
Un esfuerzo parcial "en contra de la corriente" la emprendió hace una década la Corporación de Micro Financiera, propietaria de Mi Banco (www.mibancopanama.com).
El banco afrontó desde el principio enormes obstáculos.
Para iniciar operaciones la Superintendencia Bancaria le exigía un capital inicial millonario y otros requisitos burocráticos que retrasaron su apertura hasta septiembre de 1997.
Y no fue sino hasta el 11 de septiembre de 2002 que la Superintendencia le otorgó la licencia para operar como "banco de microfinanzas" de conformidad con las disposiciones de la Ley 10 del 30 de enero de 2002.
Pero a diferencia del Grameen Bank, el énfasis de Mi Banco no parece ser la micro, sino más bien la pequeña empresa.
El banco otorga préstamos de $100.00 hasta $10, 000.00 "para capital de trabajo e inversión que mantenga como mínimo un año de operación en el negocio."
Sus requisitos son un "recibo de agua, luz o teléfono, un "buen historial crediticio", y un "plan de inversión" a efectuar.
Si bien no son tan estrictos como los que exigen otros bancos normales, estos "requisitos" serían inalcanzables por muchos pobres que quisieran iniciar un negocio o quienes no cuentan con semejante "historial" de crédito.
No hay, tampoco, la orientación solidaria, ni el énfasis en el préstamo "en grupo", ni una fundación de apoyo a los prestatarios, como sí tiene el Grameen Bank.
La mayoría de los clientes de Mi Banco son propietarios de pequeños negocios como mini mercados, kioskos y salas de belleza.
Otros se dedican a la venta de perfumes y ropa a crédito; mejoras; servicios de electricidad; o transforman materia prima en productos caseros como hojaldres y tortillas.
El balance general de Mi Banco indica que a junio de 2006 se habían concedido préstamos por $10, 489, 800, cifra aproximadamente 10% superior a la del año anterior.
Se estima que el 80% de los comercios en Panamá son manejados por pequeños y medianos empresarios.
Se estima que alrededor del 30% de la población económicamente activa en Centroamérica se encuentra en este sector, representando 2, 3 millones de personas y 1, 8 millones de unidades económicas.
(*) Roberto N. Méndez es profesor de economía y finanzas en la Universidad de Panamá y socio de Consultores del Istmo (consultoresdelistmo@lycos.com).
Segunda entrega