Aunque la soja vive su mejor momento en Argentina, Monsanto Co. , la pionera estadounidense en biotecnología agrícola, dejó de vender estas semillas en el tercer productor mundial de la oleaginosa porque no logra ganar ni un dólar con ese negocio.
La compañía señala que un gigantesco mercado negro para las semillas transgénicas hace imposible recuperar sus inversiones.
Y hasta que eso cambie, Monsanto asegura que no venderá semillas nuevas y mejoradas de soja ni emprenderá estudios para desarrollar variedades a la medida de las condiciones locales.
Esto despertó temores de que los productores se pierdan los avances biotecnológicos y nuevas variedades de semillas, y de que otras empresas abandonen Argentina que viene luchando por recuperarse de un colapso económico que llevó al país en el 2002 al incumplimiento de pagos más grande de la historia.
"Lo último que quieres ver en tu país es que se elimine la inversión en investigaciones. Eso socava el futuro de toda la industria agrícola", dijo Arturo Vierheller, ex funcionario de la Secretaría de Agricultura.
La soja genéticamente modificada, popular con los productores porque les permite ahorrar dinero en la utilización de herbicidas, se convirtió en el principal cultivo y en la fuente central de ingreso de moneda extranjera, pese a la oposición de consumidores y defensores del medioambiente.